Mulos timadores

Mulos timadores

Paquetes que envían desde Miami hacia un pueblo del oeste habanero suelen quedarse en manos de mensajeros

LA HABANA, Cuba, abril, 173.203.82.38 -Durante los últimos días, varios vecinos del poblado habanero de Jaimanitas, que tienen familiares en Miami, se han quejado del servicio de mulos (personas  que viajan a Cuba desde esa ciudad de los Estados Unidos trayendo paquetería a domicilio), porque los envíos han sido entregados abiertos y con faltantes.

En la calle 236, una anciana recibió un paquete enviado por su hijo, y estaba violado. El hijo le notificó por teléfono el contenido del paquete, y la anciana comprobó que  faltaba un mantel de hilo, una enguatada para el frío y medicinas.

En la calle 228, una familia residente en La Víbora visitó varias veces Jaimanitas, intentando localizar inútilmente al mulo que les traía un maletín con ropas y zapatos. El individuo estaba en Cuba desde hacía cinco días, y aún no se había reportado con la entrega. Todas las veces que vinieron, encontraron cerrada la vivienda donde pernoctaba. Ofrecieron cinco CUC (moneda cubana equivalente al dólar)  al que les llamara por teléfono para avisarles cuando apareciera el mulo perdido.

En Tercera B, un mulo que visita frecuentemente Cuba, trayendo paquetes, está perseguido por estafar a varios pobladores de Jaimanitas  y  Santa Fe, a los que timó cuando vivía en Cuba.

Pero el más famoso de todos los mulos timadores es Alcides, que no entregó ninguno de sus encargos de su penúltimo viaje y los repartió como un Santa Claus  entre su familia, y además vendió otros, para propiciarse la juerga durante los cinco días que estuvo de visita en Cuba. En el siguiente viaje, la vivienda de su familia fue apedreada sin compasión por los damnificados, con el mulo dentro.

Alcides se refugió en la azotea y, desde un teléfono inalámbrico, llamó a la policía para que corrieran a salvarlo, porque estaba siendo atacado por una turba. Resguardándose de la lluvia de piedras tras un tanque de agua, llamó por segunda vez y preguntó qué clase de país era este donde podían matar a un extranjero a pedradas y nadie intervenía. Le contestaron que resistiera, que en cuanto estuviera disponible algún carro patrullero, lo enviaban a esa dirección.

Finalmente, se acabaron las piedras y los atacantes se marcharon, quedando  rotas varias ventanas y deshecho el jardín. También quedó dañada la reputación de Alcides, así que antes de regresar a Miami, manifestó que si vuelve a traer paquetería a Cuba, deberá quedarse en casa de su tía, en La Lisa, un lugar sumamente aburrido donde nadie lo conoce.

Frank Correa

Frank Correa, Guantánamo, 1963. Narrador, poeta y periodista independiente. Ha ganado los concursos de cuento Regino E. Boti, Ernest Hemingway y Tomás Savigñón, todos en 1991. Ha publicado el libro de cuentos La elección

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