Memorias de un testigo

Allegado a protagonistas de Crisis de los Misiles cuentan otros ángulos de la historia

BANES, Cuba, noviembre, 173.203.82.38 -El huracán Sandy estaba por llegar, el miércoles 24 de octubre, cuando, guiado por manos amigas, toqué a la puerta de una casa habitada por un anciano solitario, a quien, por razones obvias, solo llamaré Señor López.

Durante años, el señor López trabajó en un hospital del Central Boston, llamado Nicaragua desde su expropiación por el gobierno comunista.

En la sala-comedor del señor López hay colgado un sobretodo de color verde desteñido, y sobre un soporte de madera pulimentada, se observa un tronco de metal ondulado, negro por el exterior y plateado por su interior, de unos 30 centímetros de ancho por acaso 45 de alto, no más grueso que las delgadas tapas de mi cuaderno de apuntes.

Sobre la base de madera puede leerse: Fragmentos del avión U-2, derribado el 27 de octubre de 1962.

Cubanet: ¿Cómo consiguió ese trozo de historia?

López: Tiene razón. Pertenece a un capítulo de la historia que no debe olvidarse, para que no se repita.

Cubanet: Del que usted forma parte, ¿no?

López: Pues no, no creo que yo forme parte de nada.

Cubanet: ¿Cómo consiguió el trozo del U-2?

López: Me lo obsequió el Mayor Iván Ninovich Guerchénov, jefe de un grupo de cohetes soviéticos instalados no lejos de aquí. Personalmente, él disparó el cohete que derribó ese avión.

Cubanet: ¿Cómo conoció al Mayor Guerchénov?

López: Ese sobretodo fue un regalo de él. Conocí al Mayor Guerchénov una semana después de que los soviéticos se emplazaron en La Anita. Guerchénov, el Capitán Valentín Orojosky, jefe de una batería, y el chofer Guenaddy, viajaban en un jeep hacia el puerto de Antilla cuando tuvieron un accidente, y los trajeron al hospital Nicaragua. Yo suturé sus heridas. De ahí nació la amistad. Nos sentábamos alrededor de esta mesa para beber. Eran bebedores fuertes, aunque, a decir verdad, poco fraternales, hacían que Guenaddy permaneciera en el jeep. Eso molestaba a mi madre.

Cubanet: Los pobladores de La Anita me dijeron que los rusos tenían en su campamento un calabozo bajo tierra, para meter a los soldados indisciplinados. ¿Eso es cierto?

López: Absolutamente. Y según tengo entendido, les hacían sufrir castigos corporales. Un día compré para Guenaddy una botella de ron; cuando Guerchérov lo supo, con el cañón de la pistola le dio un golpe en la frente, provocándole una herida, que también debí suturar. Con nosotros eran amigables, pero creo que no tanto entre ellos. Por esa época, aquí teníamos una cirujana húngara, la doctora María Lorenz, y no los quería ni ver;  les tenía terror, decía que en su país las tropas soviéticas habían violado infinidad de mujeres.

Cubanet: Por lo que sé, también usted debió suturar las heridas del Mayor Anderson, el piloto del avión estadounidense derribado.

López: Bueno, las del cadáver del Mayor Anderson.

Cubanet: Cuénteme…

López: El cadáver lo trajeron al hospital Nicaragua entre las 12 y la una de la tarde, en una ambulancia, acompañado por el doctor Manuel Bisbé, jefe de servicios médicos de la división 56, del ejército oriental.

Cubanet: ¿Por qué al Hospital Nicaragua?

López: El piloto tenía fractura abierta de cráneo y heridas muy dilatadas en las regiones lumbar y abdominal, además de múltiples fracturas en las extremidades, y se nos solicitó hacerle una preparación inicial para su conservación.

Cubanet: ¿En qué condiciones trajeron el cadáver del piloto?

López : Completamente vestido y calzado, con su casco de vuelo; evidentemente, con todas sus pertenencias, salvo la pistola que no estaba en su funda, ni un reloj pulsera que debió usar siempre, a juzgar por la marca blanquecina que tenía en la muñeca.

Cubanet: ¿A un profesional de la medicina, acostumbrado a la muerte, como usted, qué impresión le causó ese cadáver?

López: Ninguna. Era un muerto más. Nos impresionó la preocupación de los militares cubanos entrando y saliendo, mientras nosotros hacíamos nuestro trabajo. Se veían muy tensos, impresionados, era como si en aquel momento ya hubiera comenzado la guerra nuclear.

Cubanet: ¿Y los rusos…?

López: No, ellos no estaban allí. Después fue que vinieron aquí, a esta casa, y fuimos a donde cayó el avión. Nicolai Grechanik, el jefe político, bromeando, me dijo: -Gavana, gavarit (Habana habló). Anderson dormir, soldat cubano.

Cubanet :¿Y usted creyó que fueron los soldados cubanos quienes derribaron el U-2?

López: ¡Quién les iba a creer! En sus unidades, ellos no permitían la presencia de militares cubanos. En esas zonas de Cuba quien mandaba no era Fidel Castro, sino Nikita Kruchev.

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