Martí bloguero, facebuquero y tweettero

Ignacio Ramonet imagina a Martí como bloguero, “facebuquero” y tweettero, pero, paradójicamente, al servicio de la dictadura cubana

LA HABANA, Cuba, febrero, 173.203.82.38 -El periodista Ignacio Ramonet participó en la III Conferencia Internacional “Sobre el equilibrio del Mundo”, y sin perder un minuto, ocupó la tribuna del Palacio de la Convenciones para exponer su ambigua conferencia “De José Martí a Facebook, periodismo y compromiso”.

Después de agradecer la invitación, supuso que los presentes aún estaban bajo el shock y la conmoción brutal, causada por lo que consideró “una de las mayores manipulaciones mediáticas de la historia”, cometida por el diario El País, de Madrid, el pasado 21 de enero, al publicar una supuesta foto del presidente Hugo Chávez, entubado y en plena operación quirúrgica.

Aprovechando esta hendija, Ramonet dirigió sus tiros contra las transnacionales de la información, afirmando que dicha foto era falsa, para añadir enseguida “que si hubiera sido auténtica”, igualmente habría sido un crimen contra la ética, por tratarse de un atentado contra la vida privada e íntima de cualquier persona. Luego, concluiría con la sentencia de que en este caso “el diario El País demostró su desprecio por el ser humano”.

“José Martí hubiera censurado esta manipulación”, aseguró el conferencista, y lo argumentó apoyándose en tres citas de nuestro Héroe Nacional, que leyó a breves intervalos: “No merece escribir para los hombres, quien no sabe amarlos”; “Si el periodismo ha de ser un culto, que lo sea a la virtud; no debe hacerse de la pluma arma de satírico, sino espada de caballeros”; “Y no hay monarca como un periodista honrado”.

Ramonet se remontó a la juventud de Martí, cuando, a la edad de 16 años, comenzó a ejercer el periodismo, después de que el Capitán General de la Isla, Domingo Dulce, decretara la libertad de imprenta, el 9 de enero de 1869, apertura que asombrosamente se estableció en pleno apogeo de la guerra independentista.

Pero lo más impactante en torno a lo expuesto por Ramonet fue su imaginación al estilo de lo real maravilloso, cuando intuyó que, terminándose la era de Gutenberg, y comenzando la era Web, si hoy Martí tuviese dieciséis años, sin discusión sería  bloguero, facebuquero y tweettero.

¿Por qué lo afirmo? (preguntó a los presentes y se contestó él mismo), “porque todos sabemos que José Martí fundó a los dieciséis años su primer periódico, que se llamaba El Diablo Cojuelo. Lo fundó aquí, en La Habana, en la calle Obispo, el 14 de enero de 1869. Dieciséis años tenía, una precocidad excepcional, pero una precocidad que se entiende en un joven inquieto”.

Sin embargo, Ramonet ni siquiera dejó una ventana abierta para que concluyéramos por nosotros mismos de qué bando hubiera estado el joven Martí en estos tiempos: ¿del lado de los periodistas independientes, o de los sumisos voceros oficiales del régimen?

Si en la actualidad el joven José Martí fuera bloguero, facebuquero y tweetero, resulta improbable que hubiera permanecido en silencio ante los brotes de cólera y dengue hemorrágico que han cobrado numerosas víctimas entre los cubanos. Tampoco callaría ante las golpizas de las turbas de respuestas rápida contra las Damas de Blanco, o ante los escándalos de corrupción que continuamente protagonizan los jerarcas del régimen y los “hijos de papá”, o ante el nepotismo, la falta de libertad de expresión y los abusos de poder cometidos por la dictadura castrista. Y creo que vale asegurarlo, porque el joven Martí al que me refiero sentenció: “Que contemplar un crimen en silencio es como cometerlo”.

Martí, quien defendió “el derecho de cada hombre a recibir información y diseminarla, a buscar su verdad y enarbolarla en medio de otros hombres que se la respetan”, se revelaría sin duda contra la manipulación de borrar de la historia y hasta de las fotografías a todos los luchadores que discreparon del fidelismo desde principios del año 1959 y fueron purgados por Fidel Castro.

Igualmente catalogaría de abominable aquella falsa trama elaborada por la propaganda castrista en 1983, cuando “inmoló envueltos en una bandera” a un grupo de combatientes cubanos que “pelearon hasta la última bala” en la isla caribeña de Granada, en un drama que logró arrancar los gritos y lamentos de nuestras madres.

A Ramonet le convendría estudiar con mayor profundidad a José Martí. Y una vez que lo haga, también le convendrá hacer suyos los presupuestos cívicos y éticos del Héroe Nacional de Cuba. Entonces tal vez esté en condiciones de imaginar a un Martí bloguero, facebuquero y tweetero, viéndolo en el bando de esos valientes y honrados cubanos que hoy son acosados y encarcelados por el régimen, bajo la cínica y ridícula acusación de “mercenarios” al servicio de un poder extranjero.

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