Marielitos

Marielitos

Un repaso/ homenaje a valiosos escritores cubanos que participaron en el éxodo masivo del 80

LA HABANA, Cuba, mayo, 173.203.82.38 -Los horrores generados durante el éxodo masivo por el puente marítimo del Mariel-Cayo Hueso, fueron una experiencia compartida por un grupo de intelectuales y escritores cubanos compulsados a emigrar por el acoso, la cárcel o el ostracismo que les imponían las autoridades de la Isla.

Junto a más de cien mil cubanos descontentos con la revolución por diversas causas, y muchos de ellos obligados a dejar el país al ser considerados oficialmente indeseables, entre los días 21 de abril y 25 de septiembre de 1980, abandonaron la Isla Reinaldo Arenas, Carlos Victoria, Roberto Valero, Reinaldo García Ramos y Juan Abreu, entre otros creadores.

Perseguidos en Cuba por su orientación sexual o religiosa, por la irreverencia de sus textos, o por cuestionar la política del régimen, publicar en el exterior las obras prohibidas dentro del país, dejarse el pelo largo y otras conductas “impropias” de alguien “formado” por la revolución, decidieron partir al exilio.

Unidos por la amistad y las vivencias de similares tribulaciones, así como por ser víctimas de insultos, descalificaciones, actos de repudios y otras agresiones durante los sucesos de la embajada de Perú, se propusieron contar sus experiencias a través de la literatura, pero escritas desde la libertad.

La publicación Mariel, Revista de Literatura y Arte (1983-1985), a tono con el arte poético de sus fundadores, dejaba constancia de sus propósitos en el Editorial de su primer número: “Rechazamos cualquier teoría política o literaria que pueda coartar la libre experimentación, el desenfado, la crítica y la imaginación, requisitos fundamentales para toda obra de arte. Un arte doctrinal es lo opuesto a la verdadera creación”.

Estos intelectuales, bautizados como la Generación del Mariel, representaron una actitud crítica hacia la realidad política, social, económica y cultural cubana, pero una actitud muy diferente a la que exhibieran grupos anteriores, absorbidos por causas ajenas a su rol como referentes culturales de la sociedad.

Nunca un grupo literario cubano testimonió un acto de barbarie gubernamental como lo hizo esta generación al narrar los acontecimientos del Mariel, donde las vejaciones, la persecución, las golpizas y hasta la muerte fueron los temas cotidianos mientras duró el éxodo hacia Estados Unidos.

Novelas como Al este del infierno, donde su autor, Miguel Correa, ridiculiza la construcción del “hombre nuevo” en Cuba, satiriza su vesania al cumplir una orden contra las “escorias” del Mariel, y refleja su falsedad al proclamarse fiel a la patria y al socialismo, testimonia desde la literatura un capítulo oscuro de nuestra realidad que las autoridades siempre han intentado ocultar.

Asimismo, Roberto Varelo, en su novela Este viento de cuaresma, nos revela de forma descarnada un testimonio sobre tales acontecimientos ,  donde mujeres, niños y ancianos son víctimas del desprecio y el odio engendrados por la revolución.

En el capítulo en que uno de los personajes de esta novela recuerda lo sucedido al salir de la embajada del Perú, para luego ser conducido al puerto del Mariel, se ve el desamparo en que quedaron ante sus perseguidores:  “…Tratabas de que ellos, los tuyos, no se te perdieran entre tanto odio, pero todo fue puños, escupitajos, cintos que se levantaban en el aire. Esos cinturones los verás siempre, te van a acompañar aunque logres escaparte (te lo recuerdo y enseguida empiezas a llorar), correas, fajas, el hierro inconfundible de una hebilla, palo…, gritos”.

Por su parte, el narrador y poeta Reinaldo Arenas, la figura en torno a la cual se nucleó esta generación de escritores llegados entonces a Los Estados Unidos, dejó escrito, en el poemario Voluntad de vivir manifestándose (1989), un texto (Mi amante el mar), donde dice: “…ven de noche/, ven al oscurecer/parte rápido. No pienses que te vigilan y corre; no oigas los disparos y huye. Sigue huyendo, huyendo siempre; huye”.

Esta huída de Arenas sólo terminó cuando, antes de suicidarse, el 7 de diciembre de 1991, en Nueva York, escribió:  “Sólo hay un responsable de mi muerte; Fidel Castro (…)“Cuba será libre, yo ya lo soy”.

Como dejara señalado Lillian Bertot, en su libro La imaginación literaria de la generación el Mariel, “en sus textos no hay imágenes del paraíso, sólo hay mitos y aspiraciones incumplidas, desolación e imágenes infernales”.

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Víctor Manuel Domínguez

Periodista independiente. Reside en Centro Habana. [email protected]

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