Los mulos

Los mulos

Conozco muy de cerca a dos mulos de mi barrio que vienen varias veces al año: el Sansi y Guillermito

LA HABANA, Cuba, febrero (173.203.82.38) – Recuerdo que antes, cuando venía alguien de los Estados Unidos de visita al barrio, se distinguía por su esplendor. Pero ahora cualquiera viene de la Yuma. En Jaimanitas hay varios cubanoamericanos que visitan la isla frecuentemente. Algunos rentan autos,  visten bien, pero otros llegan como mulos, con el  pasaje pagado por cargar hasta el aeropuerto cubano los paquetes encomendados. Los gastos de  estancia corren por su cuenta.

Conozco a dos mulos de mi barrio que vienen varias veces al año: el Sansi y Guillermito.  Parecen que todavía  viven en  Cuba. Siempre andan  con  la misma ropa, y cuando se les acaba el dinero  beben el ron que destila Crispín, fuman cigarros Criollos que compran en la cafetería, y  cuando se marchan dejan una estela de deudas para pagar en siguiente viaje.

En  su última visita, a Guillermito se le acabó el dinero el primer día y vendió la cámara de video para subsistir. Estuvo una semana colándose en las fiestas de quince y en las bodas celebradas en  el Círculo Social Obrero Aracelio Iglesias, donde fumaba y bebía  gratis. El día del regreso  no tenía  ni para pagar un  taxi hasta el aeropuerto, y tuvo que subir a la ruta 176 que lo llevó a Santiago de Las Vegas. No pudo llegar a tiempo al vuelo porque el ómnibus se rompió frente al hospital psiquiátrico Mazorra. Vendió el reloj las gafas para abonar el recargo que le puso la aerolínea.

En cambio, el  Sansi, más trabajador que Guillermito, tomó algunas  medidas para  costearse la estancia. Después que se libera de la carga  en el  aeropuerto busca por el pueblo la manera de “inventar  dinero”. En  las fiestas de año nuevo hizo carbón a la orilla del río con su viejo amigo Cutú, y vendieron  los sacos en una noche. El año pasado  su visita coincidió con  la corrida del pargo sanjuanero, y como en los viejos tiempos, salió a pescar con Nilo  en un bote de corcho  y   atraparon  muchos peces con los palangres.

En su último viaje abrió un cafetín en casa de una prima, frente a la playa, vendió  comida rápida  durante la semana  que pasó en Cuba, le sacó cuatro veces lo invertido, le dio a la prima un porciento y se marchó  a los Estados Unidos con más dinero que el que trajo.

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