Los avatares de Rey y Carmen

Lo que ocultan los agitadores comunistas es que el progenitor de Carmen fue el difunto comandante René Vallejo

LA HABANA, Cuba, abril (173.203.82.38) – El pasado lunes 28, la entrega correspondiente a ese día del serial Las razones de Cuba, destapó como chivato de turno al ex dirigente supremo de la Gran Logia Masónica de Cuba, quien, durante casi todo el programa se dedicó a enumerar los contactos que, en el ejercicio de sus funciones, estableció con algunos extranjeros.

Por algún motivo que seguramente conocerán el director del programa y sus jefes del tenebroso Departamento Ideológico del Comité Central del partido único, para la televisión se redactó un libreto en el que el informante evitaba cuidadosamente mencionar la entidad a la que pertenecía, la cual incluso eludió denominar con el socorrido término de “organización fraternal”; simplemente habló misteriosamente de su cargo dirigente en “una ONG”.

Diferente fue la situación con el también maestro masón de larga data Gustavo Pardo. De él, que desde hace algún tiempo está aspirando a dirigir la Gran Logia de Cuba (empeño en el que es apoyado por lo que más vale y brilla en esa institución de tan destacada prosapia), sí se explicitó su pertenencia a esa institución fraternal, al tiempo que también se le colgaba el conocido cartelito de “contrarrevolucionario”.

Dejando a un lado la actuación del señor Collera Vento, “plato fuerte” de la entrega, quisiera detenerme en lo que se planteó sobre el matrimonio integrado por el señor Reynaldo Febles y la señora Carmen Vallejo, quienes llevan adelante un humanitario programa de ayuda a los niños enfermos de cáncer.

Tuve el honor de conocer a Carmen y Rey, como son cariñosamente conocidos, hace muchos años. Como los tres somos melómanos, coincidimos tiempo después en un concierto sinfónico en el Teatro Amadeo Roldán. Les expresé la sincera admiración que siento por ellos y por la labor hermosa y difícil que realizan. Me respondieron que eran ellos quienes me admiraban debido a mi estancia en prisión.

No hubiese tenido mucho sentido ponernos a discutir sobre quién era mayor admirador o más admirado, pero en este caso sigo creyendo tener la razón. El hecho cierto es que no creo estar hecho del material que se necesita para realizar una labor tan ingrata como la que ellos, con tanto amor, llevan a cabo con el fin de dar un poco de consuelo a niños enfermos de cáncer, quienes, como perspectiva inmediata, enfrentan la virtual certeza de morir en pocos meses.

Se trata, a no dudarlo, de una tarea harto difícil. Es inevitable que, en el contacto con los menores, Carmen y Rey se encariñen con ellos. Con el paso del tiempo, si el desenlace es fatal, el único consuelo que le cabe a la pareja es el de haber aliviado los últimos días de la joven víctima, haber compartido con ella el inevitable dolor, haberle inspirado resignación cristiana para enfrentar ese trance que no es fácil ni para un anciano.

Pero he aquí que los publicistas del comunismo, en su protervia, han encontrado el modo de tratar de empañar incluso esa labor tan hermosa. En el panfleto televisivo de marras han atacado con virulencia esa actividad humanitaria, tergiversando las motivaciones de la abnegada pareja y buscando la forma de vincular su trabajo con el de la USAID, y hasta con la CIA.

Por supuesto, Carmen y Rey reciben ayuda de diplomáticos extranjeros y de toda persona con capacidad para brindarles apoyo económico. Naturalmente, para llevar regalos a sus niños, tienen que comprarlos en las tiendas en divisas. No hay dudas de que, para lograr esto último, deben organizar actividades de recaudación de fondos.

Lo que ocultan los agitadores comunistas es que el progenitor de Carmen fue el difunto comandante René Vallejo. Sólo que ella, en lugar de dedicarse -¡como tantos otros!- a medrar de su condición de hija de papá, nacida en cuna verde olivo, escogió el camino más difícil y digno: optó por romper con el sistema y usar, junto con su marido, su admirable carisma.

Por todo lo antes dicho, la pasada entrega del bodrio Las razones de Cuba, ha logrado algo que parecía imposible: sentar nuevas pautas en la larga historia de la vileza y la mezquindad humanas. ¡Ojalá que los padres de los niños enfermos de cáncer, con los que Carmen y Rey han mantenido cordiales relaciones, no se dejen engañar por la asquerosa propaganda comunista!

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