Lo violaron en la cárcel y mató a su violador

LA HABANA, Cuba, noviembre 2013, www.cubanet.org.- En lo último del bajo de Santa Ana, en Santa Fe, en una casa de tejado de zinc y ladrillos, vive Clara Delia  Henry Tamayo, quien se ha acercado al periodista de Cubanet para denunciar el caso de su esposo, Elain   Alonso  Amador,    de 38 años, preso desde los 16 por un delito de robo de palomas y que luego se complicó dentro de la cárcel   por  cometer  un asesinato moral, al que fue condenado a 25 años de privación de libertad más.

Su esposo  ya había cumplido de su larga condena veintidós,  y  se consideraba  realmente rehabilitado, pero ahora le ha aparecido una nueva causa por evasión del penal,  proceso que su esposa Clara Delia quiere hacer publico. Pide un llamado de atención a los órganos internacionales de los Derechos Humanos, para que se fijen en el caso de su esposo, porque que no existió la  tal evasión,  y quiere contar la verdad.

Clara Delia cuenta que su esposo cayó preso en el penal Guanajay,   por  un delito de muchacho, robo de  palomas, pero   fue violado por otro  reo, un delincuente que tenía  tres muertos a cuestas, y  que el muchacho mató a puñaladas en el baño, para cobrar su honra.

Su larga condena dice que ha sido  horrorosa, con maltrato físico, sexual y  psicológico. Estando  en el correccional Pre Angola, realizando trabajo de  corte de caña de sol a sol, fue contactado por un guardia de la prisión que le dijo que por cincuenta cuc le daba un aire, en su casa.

El contrato verbal consistía en que durante un año, el recluso no sería reportado en el pase de lista, algo así tan sencillo. Se llama  en el argot carcelario cubano  Coger un aire. Y  el recluso  llegó a su casa y se reencontró con su mujer  y vivieron felices  por un año la vida que se le había negado. Trabajaron los dos como  jardineros particular y  les iba  viento en popa.

Se levantaban temprano y hacían trabajos de poda y ornamentos y también votaban basura.  Su esposo se sentía realmente reeducado. Reintegrado de verdad a la sociedad, el barrio puede dar fe de ellos. Su crimen fue moral, no era un asesino. Fue victima de la corrupción de la prisión,  donde todo tiene un precio y el  negocio lo dirigen los  guardias.

Pero transcurrió  el año pactado y tres meses más y el recluso  estaba demasiado concentrado en vivir su libertad  y echar adelante el negocio de la jardinería, como para pensar en regresar y  entonces fue declarado prófugo de la justicia.

Se entregó voluntariamente en la estación de policía  del Mariel, donde  lo  trasladaron  para la prisión de Taco Taco, en Pinar del Río. Recibido los  fuertes  castigos que reciben los fugados. Me escribe cartas todos los días donde me cuenta sus desgracias. En la última carta me cuenta, que está a punto de comenzar una huelga de hambre para protestar por los maltratos.

No  aceptamos  los tres años que le  van a  adicionar   a su condena,  que debía extinguirse  en el 2025 y  con esta nueva causa finalizaría en el 2028. Quiero  hacer declaración pública que no se fugó del penal, no abrió un túnel, ni perforó una pared, ni cruzó unas alambradas, ni saltó un muro.  Solo cogió  un aire, para renovar su espíritu dentro  tanta inmundicia.

No tuvo fuerzas para volver a encerrarse tras las rejas, donde ha pasado toda su vida.  Mi esposo consideró el contrato verbal con el guardia como un  indulto que se merecía.

Teníamos una pequeña empresa de jardinería,  compuesta por nosotros dos,  que estaba rindiendo. Éramos felices y estábamos viviendo  nuestra propia vida.   Al final,  el trato con el guardia del correccional lo  consideramos un indulto.

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