Lo que se dice y lo que conviene

Lo que se dice y lo que conviene

¿Qué importa lo que digan los periodistas independientes, tan hipercríticos y apasionados como nos reprochan ser?

LA HABANA, Cuba, mayo (173.203.82.38) – Pese a lo que digan, la clase política, desfasada hasta la fosilización, fue la vencedora del VI Congreso del Partido Comunista. Lo de la cantera de dirigentes de una nueva generación con otra óptica –con adecuado porcentaje de mujeres y negros, para que no digan- es sólo paisaje.

Los dinosaurios siguen en el Comité Central porque todavía dicen la última palabra, aunque sea apenas un balbuceo dogmático por encargo del Jefe. Con mano temblorosa, luego de asegurar la talanquera del corral, corren los pestillos y ponen la tranca a la puerta. Como si después de ellos no fuera posible la vida.

Casi todo quedó aplazado hasta la conferencia nacional del Partido Comunista que se celebrará a finales de enero del próximo año. Mientras, hay permisos para trabajar por cuenta propia en lo que se pueda y te dejen, abrir timbiriches si tienes con qué, comprar y vender tugurios, almendrones y cacharros de la era soviética bajo sabrá Dios qué onerosas condiciones que no acaban de explicar.

Pero la prensa que refleja nuestra realidad hacia el exterior refiere que a partir del VI Congreso, los cambios  van viento en popa y a toda vela. Parecen hablar de un país distinto. Y en esto, más allá de la tontería confabulada, hay tanto wishful thinking como complicidad.

Sólo el periodista Fernando Ravsberg, que es un caso incurable de ciertas patologías  que se adquieren cuando se es por demasiado tiempo corresponsal acreditado ante el Centro de Prensa Internacional de La Habana, puede  esperar algo realmente positivo para los cubanos de los 300 y tantos Lineamientos modificados del VI Congreso.

Tal vez por eso, en vista de que él, en su blog de BBC Mundo se basta y se pinta solo para fustigar a burócratas y corruptos, y defender a los jubilados y recogedores de botellas plásticas y chatarra, a Ravsberg le haya dado por sugerir que los disidentes cubanos, que ya  no tienen de qué quejarse, protesten ante la Sección de Intereses de Norteamericana en La Habana contra el encarcelamiento ilegal de los islamistas en la base de Guantánamo.

A Ravsberg le zumba el mango, pero no es el único. La mayoría de los corresponsales extranjeros acreditados en Cuba de lo que más hablan en sus reportes es del “florecimiento de los restaurantes privados en La Habana”. Como si no existieran inspectores chantajistas y trabas de todo tipo. Como si las excepciones fueran la regla. Como si todos los dueños de paladares tuvieran la suerte  de los dueños de La Madriguera (donde rodaron la película Fresa y Chocolate) o  los parientes de cierto ex-ministro destituido.

Entonces, ¿qué importa lo que digan los periodistas independientes, tan hipercríticos y apasionados como nos reprochan ser, si sobre Cuba todo lo que hay que decir y conviene escuchar lo dice la prensa internacional?

De ahí que a veces nos invada el desánimo.  Sabemos que en nuestras condiciones actuales, sin cifras oficiales fidedignas y con fuentes que es probable se retracten en cuanto sientan el ruido de las motos de la Seguridad del Estado, es muy difícil que podamos escribir el gran reportaje.

En realidad, no hay que ser tan pesimistas. Siempre hay temas que le quedan demasiado anchos a los periodistas foráneos. Nos quedan las historias de las jineteras y las chupa-chupa, los travestis que no han sido engatusados por el Centro Nacional de Educación Sexual, los habitantes de los barrios marginales de la periferia y los solares de Centro Habana. Pero siempre habrá quien considere ficción esas historias y opine que el novelista Pedro Juan Gutiérrez, en El Rey de La Habana, lo hace mejor. Y entonces volverán a buscar en la prensa extranjera la fábula del cuentapropista próspero, el dirigente reformista y el malvado burócrata.

luicino2004@yahoo.com

[fbcomments]