Las ventajas de la compota

La respuesta de la negra cuarentona no se hizo esperar: “Oye chófer, ese hombre no es mi hijo, es mi marido

LA HABANA, Cuba, abril (173.203.82.38) – En realidad, la culpa fue del chófer del taxi por contrariar a la pasajera con una frase indiscreta. No tenía ningún motivo para decirle que el hombre joven que le cargaba la maleta y la ayudó a subir al carro, era su hijo, como si los conociera de toda la vida.

Así que la respuesta de la negra cuarentona no se hizo esperar:

-Oye chófer, ése no es mi hijo, ese es mi marido. Además, porque tenga veintipico de años no podría ser mi hijo, porque los hijos no duermen con las madres a esa edad. Antes que dormir con un viejo roncador prefiero despertar con un amanecer fresco y la carne sentirla dura”.

El chofer abrió los ojos y la miró con una sonrisa dibujada en los labios, mientras las mulata se desbordaba. Bien dicen que a los cubanos no hay más que echarle cinco centavos para que hablen como si tuvieran cinco pesos convertibles adentro:

“Lo baño, lo seco y le doy la comida, y él me complace en todo y sale para la calle y me trae un dinerito, porque yo soy su mami. Le digo mi nene, mi muñequito, mi cosita. Oye no es lo mismo oír hablar nada más que del consultorio del médico, de las pastillas, del dolor en las piernas o en la cadera. Este me lleva a  bailar a la Tropical, nos tomarnos unas cervecitas el domingo después de almuerzo, porque en esta vida hay que refrescar, si no se te traba el sistema de enfriamiento del cerebro”.

“Porque la gente se engaña y piensa que buscar lo mismo que uno es lo bárbaro y lo que conviene, pues nada de eso, lo conveniente es lo que te refresque y te aleje de las salaciones con las que uno se tropieza a cada paso en esta vida. Porque para salaciones y tragedias aquí tenemos un catálogo con una cantidad de páginas enorme… Que si la luz se fue, que si el agua no vino, que si ve a buscar comida porque la nevera está más pelá que un calvo”.

“Así es esta vida y todavía hay quien dice que es una vida de perro, oye si los perros andan por la calle muy tranquilos, y no se preocupan por nada, porque no piensan, y yo tengo que pensar hasta dormida porque si no pierdo, y lo que estamos viviendo no es un juego como ese del ajedrez sino peor, porque la pieza que uno mueve es uno mismo”.

“Ahora mismo, chófer, voy para casa de mi hermana, con esta maleta porque me voy a pasar unos días allá, tú sabes, hace un mes más o menos, vino uno de la campaña del mosquito a fumigar y el aparato soltó una chispa y se prendió una cortina de la sala, y me quemó casi todo, hasta el televisor, el Play Station de mi marido y una mesita que estaba delante de la cortina”.

“Para que veas que las salaciones te caen arriba cuando menos te lo imaginas y, entonces tienes que tener alguien contigo que te ayude a ir andando, con cariño y sin perder la ternura. De todas maneras, dicen que en Cuba hay tres hombres de más por cada mujer, así que al tener para escoger, cogí lo más fresco, porque dime tú, si tú escoges un carro viejo y achacoso con el motor gastado y que cada cinco minutos se para y hay que empujarlo…no, no, eso es una carga, más que una ayuda”.

“Déjame bajar en la otra esquina chófer y recuerda que siempre es mejor dar compota que fricciones, y a mí no me hagas mucho caso, porque hay quien dice que estoy loca, aunque sí, estoy loca por descansar de tanta lucha por la vida y cuando llego a mi casa lo que quiero es que me den son sonrisas y cariñitos”.

Acerca del Autor

Lucas Garve

Lucas Garve

Lucas Garve. La Habana, 1951 Periodista, escritor y profesor de francés. Director de la Fundación para la Libertad de Expresión.Colaborador de Cubanet desde 1996 [email protected]

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