La trampa de la democracia socialista

La trampa de la democracia socialista

No soporto cuando los comunistas hablan de democracia, donde existe el monopartidismo y la unidad de poder

LA HABANA, Cuba, mayo (173.203.82.38) – Intenté mantener la boca cerrada durante la celebración del Congreso y analizar el evento con mente positiva, pero no pude. No soporto cuando los comunistas hablan de democracia, donde existe el monopartidismo y la unidad de poder.

Teóricamente, la explicación de estos principios es muy pesada, pero en la práctica tiene una demostración sencilla. Basta referirse a las notas oficiales publicadas en el periódico Granma, donde el Consejo de Estado, un órgano constitucional y subordinado al parlamento, actúa a propuesta del Buro Político del Partido.

Aparentemente, en la toma de decisiones intervienen diferentes órganos. Sin embargo, con la nueva elección del Buró Político, 10 de sus 15 miembros, integran también el Consejo de Estado. Eso se llama concentración del poder, pero a los comunistas les gusta llamarlo con el eufemismo “centralismo democrático”.

A pesar de que Raúl Castro, en tres años de mandato, destituyó de la dirección del Estado a personajes políticos de renombre, que habían sido designados por su hermano, 20 de los 31 miembros del Consejo de Estado, integran el Comité Central del PCC, y el 72 % de los integrantes del órgano partidista, son también diputados.

De hecho, está previsto que el nivel de coincidencia aumente con el próximo mandato del Parlamento, que comienza en 2013. En enero de 2012, se celebrará la Conferencia Nacional del PCC, que reestructurará la composición del Partido, y de donde saldrán los precandidatos, de las próximas elecciones generales para renovar los cargos del Estado.

No obstante, los parlamentarios, por ley, deben aprobar las directrices que le encomiende el Partido, por medio de su Buró Político. La Constitución de 1976 reconoce al PCC como “la fuerza dirigente superior de la sociedad cubana y del Estado”. Ese mismo reconocimiento está en el primer artículo del reglamento de la Asamblea Nacional.

Lo más preocupante en torno al tema, es el lugar que ocupa, en la agenda de estos dirigentes la representación política de sus electores. Por ejemplo, Raúl Castro es Jefe de Estado y de Gobierno, y Primer Secretario del Buró Político del Comité Central del PCC. ¿Tendrá tiempo para preocuparse por los problemas del municipio Segundo Frente, en Santiago de Cuba, que supuestamente representa como diputado?

Esteban Lazo resultó electo diputado por Arroyo Naranjo. Aparte de integrar el Consejo de Estado, es miembro del Buró Político y del Secretariado del Comité Central del PCC. ¿Sabrá este señor que el territorio por donde fue electo es el más pobre de la capital y el de mayor índice de violencia?

La estructura e integración partidista coincide y se confunde con la estatal. En esas condiciones no es extraño que las decisiones políticas de la minoría partidista, casi 800 mil miembros, sean aprobadas por unanimidad en la Asamblea Nacional, el órgano que supuestamente representa y expresa la voluntad de más 11 millones de cubanos. Es ahí donde está la trampa de la democracia socialista.

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