La paga del castrismo

Toma un libro, una rareza, edición príncipe de Por quién doblan las campanas, y traduce: “Tú no eres un marxista real”

PUERTO PADRE, Cuba, agosto (173.203.82.38) – “Perdí mi vida luchando por algo que a la larga no tiene valor alguno” -dice, ensimismado, como si estuviera muy lejos, y no sentado frente a nosotros en la sala de su casa, rodeado de libros, con una carretilla en la puerta, en la que todavía, a esta hora, ocho de la noche, pueden verse rastros de habichuelas y vainas de quimbombó, la mercancía del día.

Toma un libro, una rareza, edición príncipe de Por quién doblan las campanas, y traduce: “Tú no eres un marxista real, crees en la libertad, la igualdad y la fraternidad, crees en la vida y en la felicidad”.

Cierra el libro. “Hemingway tenía razón” –dice.

-¿Por qué me decían Fidelito en New York?

Sonríe. Pequeño, delgado; hay en él algo grande. Al fin lo descubrimos: en sus ojos como agua de mar, residen el carácter y la inteligencia.

-Imagínate…. En 1959, en el 60, el 61, en el 62, yo era muy activo en New York. Cuando Fidel se hospedó en el hotel Teresa pasamos noches y días custodiándolo, igual cuando el Ché fue a la ONU. Piqueteábamos, y tú sabes cómo son las manifestaciones callejeras, los periodistas siempre ahí. Entonces yo trabajaba en el hotel Internacional, con un chef griego que, al otro día de esos jaleos, si yo aparecía en las fotos sacaba el periódico diciendo: “Aquí tenemos a Fidelito. Fidelito, ¿dónde tú estabas? Nada, que hacíamos de todo, hasta recolectar dinero para comprar armas”.

Muestra una tarjeta rosada, descolorida: “Comida bailable, sábado 16 de marzo de 1963, 7 PM, Grupo Fraternal Hispano del Bronx. Donación: 3 dólares”.

Eduardo Morell Mujica, 73 años, para más coincidencia nacido un 13 de agosto, como Fidel Castro, licenciado en Inglés, profesor, traductor. Luego de vivir en Estados Unidos y viajar por Inglaterra, España, Canadá, conocer la democracia y luchar por ella, ¿qué siente hoy?

-Frustración, amargura, la más profunda decepción que puedas imaginar.

-¿Por qué salió de Estados Unidos, si pese a su activismo pro castrista usted tenía un buen trabajo, como nunca lo conseguirá hoy en Cuba, dada la segregación existente por razones políticas?

-Chico, por no ir a la guerra en Vietnam, por eso. Y mira, hoy los norteamericanos y los vietnamitas son capaces de entenderse.

– A propósito, ¿qué piensa de la flexibilización que el Presidente Obama ha dado al embargo al permitir viajar a Cuba a los norteamericanos por motivos académicos, culturales y religiosos?

-Eso sería muy bueno si fuera un intercambio bilateral honesto, pero no es así. De aquí mandan para allá a los Van Van, una orquesta que tiene por nombre el lema de la Zafra de los Diez Millones, pero no reciben aquí a ningún artista o intelectual crítico de este régimen, que no tiene diferencia con el de Siria, ni con el de Irak de Saddam Hussein, ni con la Libia de Gadafi. Chico, en este país se están cometiendo violaciones de los derechos humanos y crimines de lesa humanidad desde hace más de medio siglo, lo que hace a este régimen merecedor, no de un embargo, sino de un bloqueo total, y de las más severas sanciones de Naciones Unidas.

-Usted ha sido traductor del Ministerio del Azúcar, luego profesor de una academia de Inglés, retirado ahora con 242 pesos; es decir, diez dólares y ocho centavos mensuales; alguien que al regreso de Inglaterra solía reintegrar a su ministerio hasta 400 libras esterlinas de viáticos que le sobraban.  ¿Qué hace ahora el profesor Morell?

-¿Qué hago? Pues mire usted, empujar la carretilla esa, porque si no, me muero de hambre.

[fbcomments]