La merienda escolar

La merienda escolar

Agustín está cumpliendo una encomienda de su hija: buscar algo barato para la merienda de sus nietos, una tarea difícil

LA HABANA, Cuba, abril (173.203.82.38) – Es frecuente escuchar que uno de los grandes logros de la revolución cubana es la educación gratuita. Hace unos días conversaba con Agustín, mi vecino arquitecto, que tiene sus criterios sobre esta propaganda del gobierno; muy interesantes, por cierto.

Estudió en una escuela pública en su ciudad natal, Matanzas. Agustín recuerda el desayuno escolar de todas las mañanas: un jarro de chocolate con un paquetico de galletas de soda o dos queques con guayaba.

-Hace años que no tomo un chocolate como aquel.

De sus maestros recuerda hasta los nombres. “Aquellos eran maestros de verdad” –me dice. ¿Será por los tropiezos que han tenido sus nietos con los maestros emergentes?

Agustín está cumpliendo una encomienda de su hija Tania: buscar algo barato para la merienda de sus nietos, una tarea difícil desde que se perdieron los refrescos de paquete y escasean las barras de guayaba. Hace años que en las escuelas la merienda no es gratis, y últimamente ni se vende.

Dice Agustín que es verdad que hoy la educación no se paga con dinero, pero eso sí, los niños tienen que pertenecer a la organización de pioneros, usar pañoleta y decir el lema todos los días: “Pioneros por el comunismo, seremos como el Ché”, y asistir a las actividades políticas para que no les manchen el expediente académico desde la infancia, como les sucede a los Testigos de Jehová, que se niegan a hacerlo.

Tania tiene dos hijos en edad escolar. El mayor, de trece años, cursa el octavo grado. La merienda la lleva de la casa. También en invierno le prepara un envase con el almuerzo, porque el pan con mortadela y el yogurt que le dan de almuerzo no se los come. En verano, siempre inventaba alguna excusa para salir del trabajo a llevarle el almuerzo. Ahora, lo que tiene que inventar Tania es de dónde sacarlo, porque se quedó sin empleo.

Tania está preocupada, y no es para menos. No sabe cómo se las arreglará cuando su hijo matricule en el tecnológico y tenga que ir a trabajar a la escuela al campo. Sabe que debe esforzarse para que el niño pueda continuar sus estudios y no le manchen el expediente, porque si no cumple este requisito no podrá graduarse, a pesar de que en nuestro país la educación es “gratuita”.

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