La mala puntería de Augusto

La mala puntería de Augusto

Una historia de suicidio fallido y despotismo dictatorial que la prensa oficialista aún no se atreve a divulgar

LA HABANA, Cuba, febrero, 173.203.82.38 -¿Por qué el comandante Augusto Martínez Sánchez se disparó un tiro a un costado del corazón, en su propio despacho, en horas tempranas de la tarde del 8 de diciembre de 1964? Es una historia que la prensa oficialista jamás se ha atrevido a divulgar.

Por orden de Fidel Castro, el 16 de octubre de 1959, Martínez Sánchez había sido nombrado Ministro del Trabajo. Cinco años después, el 8 de diciembre, sería destituido, a través de una llamada telefónica, muy ofensiva, que le hiciera el propio Fidel.

En aquellos meses yo comenzaba a hacer mis primeros reportajes en la Revista Trabajo, órgano oficial de ese ministerio. Por esas casualidades de la vida, aquel 8 de diciembre me tocó hacer la guardia de las milicias en el cuarto piso del edificio ministerial, donde el ministro tenía su despacho y de donde siempre salía un sabrosísimo olor a carne de cerdo asada.

Cuando todo estaba en calma aquella tarde, el disparo de Augusto retumbó peor que un trueno en el edificio. Como no podía moverme del lugar, pude presenciar algunos detalles. Vi cuando se llevaban entre dos militares el cuerpo inerte del ministro, también vi el llanto de su bella secretaria, Graciela Tazende, y la perplejidad y conmoción que el hecho produjo entre los cientos de empleados del ministerio

Primero, se decía que lo habían matado, algo que siempre se temió. Augusto, como abogado y fundador del Movimiento 26 de Julio, había sido fiscal militar, responsable de numerosos fusilamientos. Pero pronto se supo la verdad: Fidel lo había llamado por teléfono, para comunicarle que le daba 24 horas para que se largara de allí.

Las razones eran, tal como se decía a puertas cerradas, que las últimas leyes promulgadas, para que los trabajadores que se jubilaran a partir de aquellos momentos recibieran el cien por ciento de sus salarios, habían molestado al máximo líder.

No es cierto, según recuerdo, que se tratara de un caso de corrupción por una vivienda construida por Martínez Sánchez. En aquellos tiempos la nomenclatura castrista no necesitaba construir casas, porque fácilmente se adueñaban de las que abandonaba la burguesía, cuyas residencias eran las más hermosas y sólidas del país.

A la redacción de la Revista Trabajo había llegado la información exacta de la conversación de Fidel con Augusto. Lo que más le había molestado a este último, imponente personaje de la Sierra Maestra, un hombre de carácter fuerte y con una gran dosis de machismo, fue que el líder de la Revolución le dijera ¨comemierda¨ al final de la conversación.

Nunca se pudo saber si la causa de su intento de suicidio fue por humillación o rabieta. Pero lo que sí se supo es que, a pesar de su gravedad, por la herida de bala calibre 45 (aunque no disparada exactamente en el lugar de su corazón, sino mucho más a la izquierda, cerca del antebrazo), Augusto siguió vivo. Luego, nunca más se supo de él.

El pasado sábado 2 de febrero, Augusto Martínez Sánchez murió, a los 89 años de edad. El órgano oficial del partido comunista nada dijo sobre su fallecimiento. Sólo Juventud Rebelde publicó un breve obituario donde aclara, tal vez con alguna maledicencia, que Martínez Sáncez se había unido a la guerrilla en abril de 1958,  solos unos meses antes del triunfo revolucionario.

Como cualquier cubano que conoce bien a Fidel Castro, sé que nunca le perdonó su rabieta de aquella tarde y, por qué no, mucho menos su mala puntería, que hizo que siguiera vivo.

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