La cultura de la reja

La cultura de la reja

Recorrer las calles de La Habana, por solo citar el ejemplo más representativo, es encontrar a cada paso terrazas y balcones cerrados

LA HABANA, Cuba, agosto (173.203.82.38) – Durante los últimos meses el Instituto Nacional de Planificación Física ha desarrollado una campaña en contra de las adiciones y transformaciones constructivas en las viviendas, edificios multifamiliares, y otros espacios de uso común. Según directivos de dicha entidad, se trata de acciones que deterioran la imagen urbanística de nuestros pueblos y ciudades.

Recorrer las calles de La Habana, por solo citar el ejemplo más representativo, es encontrar a cada paso terrazas y balcones cerrados mediante rejas u otros materiales; improvisados garajes para guardar autos y motocicletas, patios o habitaciones que no existían en el diseño original de las edificaciones, así como espacios contiguos a determinadas viviendas -concebidos inicialmente como de uso común- convertidos en propiedad privada. ¿Qué sucede?

En primer lugar, hay que considerar el déficit de viviendas que afronta el país, y que obliga a muchos ampliar sus hogares a como dé lugar. Las familias crecen, y el Estado no es capaz de satisfacer sus necesidades. A esto se suma la inseguridad que reina en las calles.

En las décadas de los sesenta y setenta era común que las personas dejaran sus autos y motos parqueados al aire libre, sin temor a que se los robaran. Tampoco las fechorías en las casas reflejaban un índice alarmante. Sin embargo, la crisis de los años noventa desencadenó la delincuencia a niveles nunca vistos. Actualmente a nadie se le ocurre dejar su vehículo en la calle durante la noche. Las puertas, ventanas y terrazas que no se enrejen, son una tentación para los cacos.

Ahora el Instituto Nacional de Planificación Física amenaza con multar a los infractores, y forzarlos a demoler las construcciones que estimen ilegales. Con independencia de aquellas personas que sin justificación se hayan apoderado de espacios comunes, las autoridades, antes de sancionar, debían de tomar en cuenta el clima de inseguridad que ha llevado a los ciudadanos a proteger sus bienes de esa manera. O evaluar, si fuera posible, cómo detener la involución de la sociedad cubana. Sería un buen punto de partida para analizar un problema que a todos nos incumbe.

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