La carga de los 37

La carga de los 37

Muy pocos entre estas huestes deben haber conseguido pegar los ojos a lo largo de las 37 noches que mediaron entre el 25 de abril y el 31 de mayo pasados

LA HABANA, Cuba, julio, 173.203.82.38 -Como una esperpéntica Penélope, la corrupción administrativa en Cuba teje de noche lo que le destejieron de día. Mientras, como Ulises ante las sirenas (del sentido común), los caciques insisten en amarrarse al trono, haciendo oídos sordos.

Uno está a punto a veces de sentir lástima por ellos. Los pobres, tan mayores casi todos, achacosos, cascarrabias y anclados en las batuecas, se supone que por  insuficiencias en el flujo de oxígeno dentro de sus cerebros. Y quizá también porque, al contrario de los otros ancianos, que ven cómo ya sólo les crecen las orejas, a nuestros caciques les han seguido creciendo las ilusiones y la desorientación.

Es para que se dedicaran a esperar la última afeitada jugando dominó, sacando crucigramas con una manzanilla calientica a mano; pescando mojoneros en el Malecón, no para lucro, sino más bien como pretexto para mirar el horizonte; o metiéndose mentiras unos a los otros, sobre los tiempos de antes, pero, eso sí, sentados en un parque, no a través del periódico o la televisión.

Y he aquí que en vez de hacer lo debido, los muy tercos persisten en su vocación de perros de muchas bodas, sin atrapar hueso en ninguna por lengüetearlo en todas.

Su última trastada fue serviles terror como desayuno, durante 37 días continuos, a los administradores, funcionarios y jefes más o menos intermedios de esa calamidad a la que llaman el modelo económico cubano. “La carga de los 37” podríamos titular esta película de suspenso y masacre, bautizada por los caciques con el difuso nombre de VI Comprobación Nacional al Control Interno.

Muy pocos entre estas huestes deben haber conseguido pegar los ojos a lo largo de las 37 noches que mediaron entre el 25 de abril y el 31 de mayo pasados, particularmente en La Habana. Como muy pocos debieron ser los que al final lograron escapar sin castigos de distintas graduaciones, desde la pérdida del cargo hasta la cárcel. Es un dato que nunca conoceremos con exactitud. Ni falta que nos hace. Basta con leer atentamente lo que a propósito del tema comenta el Granma en su salida correspondiente al martes 21 de junio.

Entre el batallón de funcionarios y dirigentes que debieron terminar tronados por efecto de la VI Comprobación Nacional al Control Interno, y la columna de los que posiblemente terminaron enfermos de los nervios o infartados luego de sus 37 jornadas de asedio, deben ser cuantiosas las bajas en las filas de nuestros gloriosos salvadores de la patria. Pero nadie dude que todos serán sustituidos con prontitud. Siempre que el sistema continúe expeditándoles los conductos para robar, malversar y despilfarrar el dinero ajeno, sobrarán candidatos.

Porque de eso se trata, ni más ni menos: la corrupción está en las bases del sistema. Y sus funcionarios y jefes intermedios no son sino meros instrumentos. Así que empiezan a ser corruptos en el mismo instante en que aceptan el cargo.

Lo demás es hablar por hablar, otorgando de paso la atención que en principio no merece un evento al que llaman con el tan poco serio nombre de Comprobación Nacional al Control Interno. O sea, si los caciques necesitan comprobar el control de sus propios mandos, es señal de que no confían en ellos. Entonces, ¿qué razones tendrían para confiar en la comprobación del control?.

Nadie se extrañe si muy pronto organizan la Comprobación Nacional a la Comprobación de los Controles. Luego, la Comprobación a la Comprobación de la Comprobación… Y así sucesivamente. Como en esas sagas tan ridículas con las que Hollywood pretende aterrorizarnos y no consigue sino hacernos reír.

Nota: Los libros de este autor pueden ser adquiridos en la siguiente dirección: http://www.amazon.com/-/e/B003DYC1R0

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández es autor, entre otras obras, de las novelas El clan de los suicidas, Los crímenes de Aurika, Las mariposas no aletean los sábados y Parábola de Belén con los Pastores, así como de los libros de cuentos La isla de los mirlos negros y Yo que fui tranvía del deseo, y del libro de crónicas Siluetas contra el muro.

[fbcomments]