La alianza no es entre obreros y campesinos

La alianza no es entre obreros y campesinos

Alianza mafiosa de funcionarios de los ministerios de Agricultura y Comercio Interior con revendedores e intermediarios privados

LA HABANA, Cuba, enero, 173.203.82.38 -Alcanzar altas producciones agropecuarias no parece estar entre las primeras prioridades de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), para 2013. Al menos así lo dieron a conocer los medios oficiales al reseñar la conferencia de prensa que, a finales de diciembre, en la Escuela Nacional de Cuadros de esa Asociación, en Güira de Melena, ofreciera su recién estrenado presidente, Félix González Viego.

De las misiones fijadas por la ANAP para el presente año, González Viego señaló que la primera es “defender los intereses de todos los cubanos”. Y dijo que para lograrlo, “la preparación política-ideológica pasa a ser algo prioritario y primordial”. De sus palabras se desprende entonces que los productores dedicarán parte del  tiempo que debiesen destinar a atender sus cultivos, animales y acarreo de insumos, para sumergirse en el aprendizaje de los discursos de los dirigentes del gobierno y las citas de Marx y  Lenin.

Llama la atención que el presidente de la ANAP venga a estas alturas con el desaparecido slogan de la alianza obrero-campesina. Desde hace bastante tiempo, los dirigentes del gobierno, según su conveniencia, se desdoblan en activistas del partido gobernante, pero la perorate de unidad obrera-campesina hace ya bastante rato que dejó de formar parte de sus consignas.

Si de algo el gobierno y el partido comunista no pueden hablar es precisamente de alianza obrero-campesina. Resulta ofensivo hablarle sobre el tema a los cooperativistas, campesinos y usufructuarios de tierra, porque desde el preciso momento en que comienzan a preparar sus tierras para la siembra, son víctimas del mal trabajo, la desatención e ineficiencia de las empresas del Ministerio de la Agricultura, lo cual se traduce en la entrega a destiempo e incompleta de los insumos y las tardanzas en el acopio de sus cosechas, que en no pocas ocasiones se pierden, con las naturales afectaciones económicas en el saldo final de sus ventas.

Al finalizar septiembre, los cooperativistas, campesinos y usufructuarios reportaron una producción de 2,6 millones de toneladas, mientras que las empresas agropecuarias estatales solo cosecharon 523,4 mil toneladas.

Correspondió a las empresas comercializadoras de los Ministerios de la Agricultura y de Comercio Interior el acopio y venta de la mayor parte de lo cosechado por los productores privados. Supuestamente debían haber colocado esta producción en los mercados agropecuarios estatales a un precio que permitiera satisfacer las necesidades más perentorias de los cubanos, cuyo salario mensual promedio es de 20 dólares. Pero durante todo el año que acaba de terminar, en La Habana, que alberga el 20,3% del total de la población del país, el arroz y los frijoles, alimentos básicos en la dieta de los cubanos, se vendieron en los mercados agropecuarios estatales a 0.14 y 0.32 centavos de dólar la libra, respectivamente.

En ocasiones la libra de arroz llega a costar 0.20 centavos de dolar y la de frijoles, hasta 0.72; precios que la mayoría de la población no puede pagar.

Los cooperativistas, campesinos y usufructuarios de tierra, por los altos resultados de sus  cosechas, son los únicos que tienen moral para decirle al pueblo que de haberse comercializado sus producciones tal como está establecido, se hubiesen afectado mucho menos sus deprimidos bolsillos.

La escasez y los altos precios de los productos agrícolas son provocados por el accionar de los corruptos funcionarios de los ministerios de Agricultura y Comercio Interior y por su escandalosa alianza mafiosa con revendedores e intermediarios. A estos corruptos funcionarios sole les interesa robar; si el pueblo come o no, no es su problema.

Es esta la explicación de las inescrupulosas operaciones de desvío de grandes partidas de alimentos, principalmente arroz y frijoles, desde los establecimientos de Comercio Interior hacia carretilleros y mercados agropecuarios privados, en los que hay que pagar exorbitantes precios.

Si verdaderamente el presidente de la ANAP desea resucitar la alianza obrero-campesina, lo primero que tiene que hacer es denunciar a los inescrupulosos y corruptos funcionarios de los ministerios de la Agricultura y Comercio Interior a los que les importan un comino todos esos risibles sueños de revivir la alianza.

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Acerca del Autor

Osmar Laffita Rojas

Osmar Laffita Rojas

Osmar Laffita, Holguín, 1945. Marino mercante, profesión en la que se mantuvo durante 20 años. En 1991 pasa a trabajar en el turismo, hasta 1994. En 1993 ingresa a la Corriente Socialista Democráticas, y en 2007 se vincula al Partido Solidaridad Democrática. Desde ese año colabora con las páginas CubaNet y Primavera de Cuba e-mail: [email protected]

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