Jugando a la libre empresa

Jugando a la libre empresa

El gobierno pretende sacar al país del atolladero autorizando el trabajo por cuenta propia

PUERTO PADRE, Cuba, septiembre (173.203.82.38) – Los huesos de Julián M. Morris deben estar revolviéndose en su tumba. Y no es para menos. Un aprendiz de comerciante vende zapatos en lo que fue el recibidor de su casa; un buhonero pregona baratijas a la sombra de las columnas románicas, y un barbero mueve sus tijeras y su máquina junto a la puerta del jardín.

Si el alma es eterna y tiene ojos, emociones semejantes a las de Morris debe experimentar el libanés Pedro Zacca. Del otro lado, casi junto a la casona del norteamericano, un día transmitió la emisora GMKG Radio Puerto Padre, fundada por Zacca junto a su comercio de muebles y electrodomésticos en la década de los años 40.

Donde un día brillaron butacas, sillas, vitrinas, refrigeradores, radios, televisores, resaltan dos carteles: la exhortación a trabajar por  cuenta propia de Raúl Castro, y el concepto de revolución del hermano, mientras una tropa de nuevos mercaderes vende la más variada quincallería, ferretería artesanal, y cuánta pacotilla se pueda imaginar.

En la otra esquina de la antigua mueblería de Zacca están las ruinas del hotel Comodoro, que sólo sirve de hospedaje a la desidia. En el portal se desarrollan las faenas. Unos reparan fosforeras, otros venden caramelos y chucherías, mientras algunos comercian con camisetas, bermudas y jeans.

Al lado, junto a los muros de una cafetería en construcción desde hace cinco años, se lee un anuncio: Joyero. Un poco más arriba, donde Kinde Abraham tuvo un taller de plomería, se vende guarapo. Y al lado de la casa-bufete del doctor Ayala Polo, Medardo Bautista, quien fuera técnico de rayos X, fabrica piezas de toda índole para remendar motores, en un torno que debe tener más de 70 años.

Hace un par de semanas la Gaceta Oficial publicó nuevos instrumentos jurídicos para flexibilizar algunos trabajos por cuenta propia y autorizar otros. ¿Alguien cree que estas ocupaciones, que se realizaban en Cuba furtivamente porque fueron prohibidas en 1968, alcanzarán para frenar el desempleo, y a la vez contribuir a la recuperación económica del país?

Un economista versado en sociología, que pidió mantenerse en el anonimato, dijo a este reportero:

“La reanimación económica no se logrará sin inversión extranjera, o sin la de los cubanos que cuentan con recursos pero viven fuera del país. La economía informal siempre ha estado ahí. No olvide que los precios del mercado paralelo estatal, desde que surgió en la década de los años 80, fue el mercado negro quien los determinó. Cuando legalizó el trabajo por cuenta propia el Estado mató dos pájaros de un tiro: mantiene a los trabajadores controlados, y les cobra impuestos; y lo mejor, nunca pasarán de ser lo que son. Claro, ahora compitiendo entre sí para mantenerse entretenidos y entretener al pueblo”.

Oriundo de Tampa, Julián M. Morris conoció a José Martí y su prédica. Concluidos treinta años de guerra la Isla estaba destinada a pasar hambre si gente emprendedora no la echaba a andar, apoyada sólidamente por Estados Unidos.

Morris trajo a Cuba ganado de Venezuela. Fundó una familia y aquí está enterrado. ¿Jugando a la libre empresa podrán restablecerse los cañaverales, los centrales azucareros, las vaquerías, los comercios y las industrias fundadas por miles de cubanos y extranjeros, donde se incluyen el norteamericano Morris y el libanés Zacca?

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