Jesús Rojas Pineda: 18 años de presidio político

Desembarcó en Caibarién con un grupo que debía librar a Cuba del castrismo. Cumplió cárcel. Ahora es indocumentado

Rojas Pineda y Sosa Fortuny durante una visita familiar en la carcel
Rojas Pineda y Sosa Fortuny durante una visita familiar en la carcel

LA HABANA, Cuba, agosto, www.cubanet.org.- Indocumentado y con el estigma de “terrorista”, a duras penas sobrevive Jesús Rojas Pineda en Jagüey Grande, Matanzas; luego de haber sido liberado el 19 de octubre de 2012, de la prisión Kilo 9.

El pasado 7 de agosto Rojas Pineda cumplió los 70 años.

Su causa es la misma por la que fue juzgado Armando Sosa Fortuny:  El 15 de octubre de 1994 desembarcaron juntos por Caibarién, más indignados que organizados, como se verá a continuación.

Antes de enrolarse en el grupo de siete hombres que desembarcó aquella noche, Rojas Pineda había sido pescador en su natal Caibarién, hasta que el 12 de julio de 1994 se echó a la mar en un bote plástico y remando llegó a las costas de la Florida.

“Fuimos bien recibidos como balseros, enseguida nos dieron ayuda”, relata Rojas.

También consiguió trabajo:  “Me puse a hacer nasas para capturar langostas”.

Pero, según sus palabras, el 12 de agosto de ese mismo año, en una funeraria de la Calle 8 estaban tendidos los cadáveres de dos balseros cubanos. “Ese día llegaron 600 balseros a las costas norteamericanas”.

Cuenta que allí mismo se organizó una protesta contra el gobierno cubano, responsabilizándolo por la muerte de los balseros. “El plante duró 24 días… El 10 de octubre nos pusimos de acuerdo para volver a Cuba un grupo de siete, con algunas armas pero sin sustancias químicas ni explosivos”.

El resto de la historia es bien conocido. Intentaron trasladarse del pedraplén recién inaugurado, que conecta cayo Santa María con Caibarién, hasta el Escambray. En el camino apareció el carro donde viajaba, entre otros, el secretario del partido comunista de la provincia de Villa Clara, que resultó muerto de un disparo accidental del arma de Humberto Real Suárez, otro de los expedicionarios.

“En el juicio, la misma fiscalía admitió que el disparo fue accidental, ya que el arma que portaba Humberto era moderna y si él hubiera apretado el gatillo intencionalmente hubiera soltado una ráfaga de disparos en vez de uno solo, como ocurrió”, rememora Rojas Pineda.

A pesar de eso, las condenas fueron de entre 20 y 30 años de prisión, destacándose la de fusilamiento para Humberto Real Suárez, que había declarado en el juicio: “Yo no vine a matar inocentes, sino a pelear contra la dictadura”.

Varios de los siete hombres habían sido heridos de gravedad por sus captores. Fortuny en la cabeza y en un hombro; Real Suárez en la muñeca; Rojas Pineda por el impacto de 82 partículas de cristal tras el estallido de las ventanillas del auto, y Díaz Bouza, estando esposado en el suelo, recibió un disparo de AK que le hirió en la quijada y en un brazo.

La condena para Rojas Pineda fue de 20 años, a pesar de que en el juicio fue reconocido por la fiscalía que su arma nunca llegó a ser disparada.

Se me perdió la llave

Tras el juicio, fueron trasladados a prisiones de máxima severidad.

Para describir el presidio cubano por dentro, Rojas Pineda expresa: “Monstruoso, se ve de todo”.

La prisión de Kilo 8, en Camagüey, conocida como Se me perdió la llave, fue uno de los primeros lugares por los que pasó.

“Ahí estuve en la celda  No.50, de máxima seguridad. No te sacaban al sol, y te negaban la asistencia médica alegando que éramos terroristas”.

En esa cárcel, Rojas Pineda recibió el apodo de Matador, porque no se dejaba maltratar por los oficiales. “Te imponían castigos extras, como reducirte el agua y quitarte los alimentos que mandaba la familia”.

En algún momento tuvo necesidad de ser operado de hemorroides y para conseguir que lo viera un cirujano tuvo que plantarse en una huelga de hambre que duró 18 días. “Me negaban no solo que me viera el médico, sino hasta los analgésicos”.

Al cabo de los 18 días de iniciada la huelga de hambre, estaba programada la visita de una Comisión del MININT proveniente de La Habana, para inspeccionar la cárcel.

Rojas Pineda llenó los trapos de sangre y los tiró para el pasillo, según relata. Solo entonces lo llevaron al hospital, donde al día siguiente fue operado. Pero de regreso a la celda le cortaron el suministro de agua: “Tenía que desplazarme, recién operado, para poder conseguir un poco de agua para el aseo”.

“Una noche, un muchacho empezó a llamar después de la orden de silencio: Déjenme ir a la celda de Matador que él siempre me da algo de comer”, continúa su relato Rojas Pineda.

“Un guardia lo sacó y junto con otros tres le dieron una paliza que por poco lo matan. Los presos empezaron a gritar ¡Abuso, abuso!, y comenzaron a golpear las rejas. A la segunda noche, buscaron tropas especiales hasta con lanzallamas, porque los de la cárcel les llamaron diciendo que era una revuelta contra el gobierno.  Los presos se expresaron diciendo: Esto es un problema por los abusos y atropellos diarios”.

“Retiraron las tropas y a los pocos días una comisión de oficiales de La Habana trajo 50 bajas, 50 condicionales y 50 mínimas”, agrega.

La libertad condicional le fue negada en muchas ocasiones. Finalmente, el 19 de octubre de 2012 obtuvo la libertad “por cumplimiento de la sanción”. Suman en total 18 años cautivo.

Hasta el último día, compartió el mismo destacamento y el mismo reducido espacio con Armando Sosa Fortuny, a quien llama “hermano”.

Después de recibir la libertad, en una oportunidad fue a visitar a Fortuny llevándole alimentos, pero “no aceptaron ni la jaba, porque dijeron que no era día de visita”. Todas las tardes, Rojas Pineda se va al teléfono a esperar la llamada de su “hermano”.

Actualmente, padece de hipertensión, problemas circulatorios  y un grado avanzado de sordera, además de todo el desgaste por tantos años en el presidio político.

Indocumentado

La familia de Rojas Pineda es del criterio de este hombre no quiere estar más en Cuba. Al principio no se le podía cerrar ninguna puerta en la casa.

Rojas Pineda estaba en los trámites de residencia norteamericana cuando decidió regresar a Cuba. La dirección postal de Miami es la que aparece en el documento que le entregaron cuando salió de la cárcel, que no es un carnet de identidad, sino una especie de carta de libertad.

Pero no puede emigrar legalmente a los Estados Unidos, en primer lugar porque su documentación norteamericana quedó en poder de las autoridades cubanas tras su detención.

Lo que le propone la Oficina de Inmigración y Extranjería de Cuba es iniciar el trámite de “repatriación”, para poder obtener el Carnet de Identidad. Pero Rojas Pineda ya no se siente bien en la patria que lo vio nacer, que no levantó suficientemente la voz por su causa, y que no le ahorró ningún sufrimiento a él y a su familia en sus 18 años de presidio político.

Cuando esta reportera le comenta que su historia puede ser leída por el público cubano en el exilio, expresa su deseo de enviar un fuerte abrazo a sus hermanos y la petición de que  “si alguien sabe de una manera en que se pueda obtener un duplicado de la documentación que me retienen las autoridades cubanas desde el mismo día de nuestra detención, y que habrá quedado en algún archivo en la Florida, me lo haga saber. Quiero pasar mis últimos días tranquilo”, concluye.

Acerca del Autor

Lilianne Ruiz

Lilianne Ruiz

Nació en La Habana el 30 de noviembre de 1976. Periodista independiente, activista y bloguera.

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