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Viernes, 19 de enero 2018

Internet: Hay, pero no te toca (respondiendo a Granma)

Morbosamente, desde los años 80, el gobierno ha graduado miles de jóvenes informáticos sin acceso a la Red

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LA HABANA, Cuba, enero, 173.203.82.38 -El periódico Granma publicó en su página 2, correspondiente a la edición del jueves 24 de enero de 2013, una información firmada por la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S. A. (ETECSA) sobre el cable submarino de fibra óptica que –Hugo Chávez mediante– conecta a Cuba con Venezuela, pasando por Jamaica, para ampliar y mejorar el servicio de Internet. Hasta ahora, el tema del controvertido cable figuraba entre los secretos mejor guardados por los druidas verdeolivo, solo superado en sacramento por la salud de Castro I y la del presidente venezolano.

Se afirma en la nota que desde el pasado 10 de enero se habían comenzado a realizar pruebas de calidad del tráfico de Internet sobre el sistema, llamado ALBA-1, “con el fin de normalizar esta vía de comunicación”, aunque se señala que éste ya se encontraba “operativo” desde agosto de 2012, “cursando tráfico de voz correspondiente a telefonía internacional”.

Quizás para aplacar posibles entusiasmos, la prensa informa que una vez terminado el proceso de pruebas –en fecha no especificada– la entrada en operaciones del mencionado cable “no significará que automáticamente se multipliquen las posibilidades de acceso” ya que para ello “será necesario ejecutar inversiones en la infraestructura interna de telecomunicaciones y aumentar los recursos en divisas destinados a pagar el tráfico de Internet con el propósito de lograr el crecimiento paulatino de un servicio que brindamos hoy en su mayoría gratuitamente y con objetivos sociales”. Lo clásico: “Hay, pero no te toca”, porque –como se conoce– la información es un arma de liberación formidable.

Desde luego, el uso doméstico o libre de Internet no clasifica como objetivo social para las autoridades que administran (también) las comunicaciones, de manera que no hay que esperar demasiado de este cable. No tenemos novedades ni sorpresas en lo publicado por Granma. De hecho, la mayoría de los cubanos deben haber quedado impertérritos ante la información. Para la media de la población cubana la Internet es algo así como una religión de sectas: algo inalcanzable que hasta ahora habitaba en el cielo lejano de los satélites de comunicación, un misterio a cuyo culto se llega solo por méritos extraordinarios, tal como ocurría cuando debían ganarse el derecho a adquirir los efectos electrodomésticos soviéticos, allá por las décadas de los 70’ y los 80’.

Es decir, si se aplica la máxima popular de que lo que no se conoce no se necesita, se podría concluir que muchos cubanos “no necesitan” Internet.  Solo un mínimo porcentaje –como los médicos, algunos artistas y otros especialistas selectos– tiene asignada una cuota “gratuita” exacta (y exigua) de conexión a una ciber-entelequia llamada “Intranet”. Un sector privilegiado con posibilidades más amplias de conexión es el selecto clan de los voceros oficiales, pregoneros del régimen  –dizque periodistas–, que acceden a las páginas web de la prensa extranjera para digerir las informaciones que después entregarán al público de la Isla, ya seleccionadas, manipuladas y convertidas en info-excrecencias o desinformaciones. Un proceso perfectamente diseñado para perpetuar en la población el efecto zombie.

Obviamente, todos estos “usuarios” oficialmente autorizados, sin excepción, son monitoreados “desde arriba” y controlados de las más diversas formas. El sistema de ciber-vigilancia determina las páginas que pueden ser consultadas, a  cuáles se negará el acceso y qué tiempo emplea el usuario en cada una. Si algún pícaro más capacitado o audaz toma un atajo o utiliza un proxy para acceder a sitios censurados, corre el riesgo de ser detectado y sancionado incluso con la pérdida del trabajo. Huelga decir que con esto pierde también su “derecho” a la conexión. El estado policial que se vive en la realidad cubana ha sido perfectamente trasvasado al ciberespacio.

Para obtener el símbolo de privilegio de estos tiempos en la Isla, Intranet, o al menos una cuenta de correo electrónico –accesible a muchos ojos espías–, es preciso pertenecer a una tribu de iniciados cuya primera condición imprescindible es la fidelidad (real o supuesta) al gobierno. No obstante, los ungidos que superan la prueba de los tamices del rito de iniciación oficial no constituyen una comunidad igualitaria sino que se dividen en castas y gradaciones de ciber-privilegios según la utilidad que cada quien implique para el beneficio del sistema. Cuanto más confiable sea el usuario, tanto mayor será su rango de acceso, pero igualmente mayor el control sobre él.

Pero no es en este complejo sistema de prebendas y castigos donde estriba la verdadera perversión. Lo realmente morboso del asunto es que los programas lectivos de la Isla, desde la educación primaria hasta el nivel superior, incluyen el conocimiento de la computación como asignatura imprescindible, y que el gobierno creó desde los años 80’ todo un entramado de espacios especializados en técnicas de la informática y las comunicaciones –conocidos como “Jóvenes Clubs”– en los que se han graduado miles de cubanos que después no tendrán la menor posibilidad de acceder a la red de redes ni a aplicar en su esfera profesional y personal los conocimientos adquiridos. Una lógica retorcida que estimula el dominio de la tecnología a la vez que restringe su uso.

Mientras, la propaganda oficial refuerza la falacia del sistema desde sus propios medios de difusión proyectando la imagen de un país totalmente informatizado. Casi todos los programas televisivos, en especial los informativos, hacen alguna alusión al ciberespacio cual si estuviera al alcance de todos. De hecho, cada televisora nacional o local y cada institución oficial tienen su propia página web y hasta invitan a los asombrados televidentes a consultarlas. La contradicción que supone Internet para el gobierno se refleja tanto en el discurso como en la práctica. Así, mientras los analistas de los medios oficiales hablan del potencial peligro que subyace en el uso generalizado de las nuevas tecnologías –como favoritas de los terroristas y ventana que se abre a las agresiones enemigas, entre otros males de los cuales nos protegen las bondades del sistema–, su uso se otorga como prebenda y su suspensión se concibe como castigo.

Pero también existe otra máxima popular que afirma que la necesidad es la madre de la invención. Por eso se explica que los cubanos que han tenido la posibilidad de conocer Internet y navegar libremente por el ciberespacio se las agencien para conectarse de cualquier manera, ya sea a través de sus teléfonos móviles, utilizando una conexión clandestina o alquilando por horas las cuentas asignadas por el gobierno a algunos elegidos de dudosa fe a precios siempre más ventajosos que los que ofrecen los cibercafés de los hoteles de la capital, en los que también se puede acceder a la Internet.

Para acceder desde los hoteles se precisa disponer de una “módica” suma en moneda convertible (CUC), que para una hora de conexión oscila entre los 6 (144 pesos en moneda nacional) y los 12 (288 pesos), en dependencia de la categoría del lugar y de la relativamente mayor o menor calidad de ésta. Una cantidad abrumadora de dinero para cualquier bolsillo del cubano común pero perfectamente accesible si se tiene alguna fuente extra de financiamiento en divisas.

Por el momento, parece que el uso de Internet seguirá estando más controlado en Cuba que el dengue y el cólera, pero sin dudas la entrada en servicios del cable no deja de ser una buena noticia. La experiencia ha demostrado que lo prohibido y lo oculto tienen un atractivo tan especial que la gente acaba por conseguirlo, como ha ocurrido con las redes clandestinas de televisión por cable, afanosamente perseguidas por las fuerzas represivas, y hoy están más extendidas que nunca. Por otra parte, la blogósfera alternativa ha sido capaz de surgir y crecer constantemente aun con las limitaciones de acceso que tenemos, de manera que con el cable probablemente se potenciarán formas alternativas de conexión a Internet.

A la vez, a pesar de la orfandad tecnológica y del desamparo informático que padecemos, en Cuba existen amplios sectores de la población perfectamente aptos para utilizar Internet. A despecho de las restricciones oficiales, las informaciones y el conocimiento se han difundido gracias a otro invento no patentado, que convencionalmente llamaré Infranet: esa red subterránea que se mueve espontáneamente entre nosotros gracias a la solidaridad y la voluntad de muchos cubanos que desde hace años hacen circular en discos y en memorias, de un ordenador a otro y de una punta a otra de la Isla los bytes de la esperanza.

Enlace relacionado: La Singularidad

Acerca del Autor

Miriam Celaya
Miriam Celaya

Miriam Celaya (La Habana, Cuba 9 de octubre de 1959). Graduada de Historia del Arte, trabajó durante casi dos décadas en el Departamento de Arqueología de la Academia de Ciencias de Cuba. Además, ha sido profesora de literatura y español. Miriam Celaya, seudónimo: Eva, es una habanera de la Isla, perteneciente a una generación que ha vivido debatiéndose entre la desilusión y la esperanza y cuyos miembros alcanzaron la mayoría de edad en el controvertido año 1980. Ha publicado colaboraciones en el espacio Encuentro en la Red, para el cual creó el seudónimo. En julio de 2008, Eva asumió públicamente su verdadera identidad. Es autora del Blog Sin Evasión

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