Había una  vez… unos bancos de un parque

Había una vez… unos bancos de un parque

Los comunistas arrancaron utilitarios donados por los capitalistas. No quedó ni uno. En su lugar situaron toscos asientos

PUERTO PADRE, Cuba, febrero de 2013, 173.203.82.38.- .- El Canal Azul local reportó este domingo que bancos colocados en avenidas y plazas de esta ciudad para ofrecer comodidad al caminante son objetos de vandalismo.

Los asientos fueron colocados en la Plaza de la Revolución el pasado diciembre, mientras que otros situados a lo largo de las avenidas Libertad y Máximo Gómez fueron reparados y pintados en lo que va de este año.

Pero este fin de semana, las cámaras de televisión mostraron bancos dañados  con apenas dos meses de uso.

Una entrevistada dijo que los jóvenes son quienes provocan los daños.

Ciertamente, si a altas horas de la noche usted recorre las mencionadas avenidas,  puede encontrase con grupos juveniles que bajo los efectos del alcohol y otras sustancias mantienen conductas incívicas, incluso francamente belicosas.

Pero el asunto de los bancos rotos, ni es solo de Puerto Padre ni tal vandalismo puede atribuirse en exclusiva a la juventud local.

Como en muchos lugares de Cuba y el mundo, también aquí constituyó un ejercicio filantrópico colocar bancos en parques y avenidas para bien de los vecinos de la ciudad y de sus visitantes.

Así, desde muy temprano en la década del 40 del pasado siglo, médicos, abogados, comerciantes, ganaderos, agricultores, empresas cubanas y extranjeras e incluso modestas sociedades fraternales y cívicas, donaron bancos construidos con los más disímiles materiales y diseños, en los que, a no ser casos de donantes anónimos, se hacían grabar sus nombres en aquellos asientos. Algunos, verdaderas obras de arte, llevaban dedicatorias a sus coterráneos.

En el Parque Maceo, de Las Tunas, todavía uno puede descansar en bancos donados por propietarios que murieron fuera de Cuba, y cuyas posesiones fueron expropiadas hace ya más de medio siglo. Destruir los bancos del Parque Maceo ya hubiera sido el colmo.

Pero los hermosos y muy cómodos bancos situados en espacios públicos en la ciudad de Puerto Padre no corrieron la misma suerte.

Aquí no bastó con intervenir cañaverales, potreros, farmacias y hoteles. Decidieron que a esa gente no solo había que arrancarles sus propiedades, sino también arrancarlos a ellos mismos de la memoria histórica de una ciudad que los recordaba por sus bancos.

Los comunistas arrancaron de cuajo los bancos donados por los capitalistas. No quedó ni uno. En su lugar situaron toscos asientos.

Luego internaron en escuelas en el campo a las muchachas y muchachos que las noches de sábado, luego de  divertirse un poco en el parque, iban a dormir a sus hogares.

Aquellos jóvenes son los padres de la juventud de hoy, la que según los entrevistados de Canal Azul destruyen los bancos recién construidos.

¡Vamos…! Terminen de aceptarlo de una vez y por todas. Nuestra juventud es el resultado de lo que hicieron con sus progenitores. Ahora, con otros modos o procedimientos, los autócratas se repiten.

Los verdaderos destructores que existen en nuestro país son los que por razones de poder absoluto transformaron campos de cultivo en tierras ociosas, industrias prósperas en fábricas improductivas, hombres libres en seres pusilánimes; valga decir los que por borrar la historia que no les convenía no vacilaron en arrancar bellos objetos utilitarios que existían en esta isla.

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