Granma, Napoleón y los insurrectos

Granma, Napoleón y los insurrectos

La versión libre y tendenciosa de Granma no se limita a enmascarar la muerte del ex prisionero político e integrante de la Coalición Central Opositora

LA HABANA, Cuba, mayo (173.203.82.38) – El martes 9 de mayo, al escuchar en el Noticiero Nacional de Televisión la lectura de la nota oficial del gobierno, publicada en el diario Granma, recordé el viejo chiste sobre Napoleón, el diario Granma y la batalla de Waterloo: “Si Napoleón hubiera tenido un periódico como el Granma aún nadie supiera su derrota en Waterloo”.

El elogio tiene una versión hispano-criolla: “Si la monarquía española hubiera contado con los reporteros de Granma aún el mundo desconocería que perdieron en 1898 a Cuba, Puerto Rico y Filipinas”.

La evocación del chiste sobre la habitual desinformación del papelucho partidario viene a cuento, pues en la nota citada, tan grave como la voz engolada del locutor, el diario encubre a los policías que provocaron la muerte del opositor pacífico Juan Wilfredo Soto García, quien recibió una paliza el jueves cinco de mayo en el parque Vidal de Santa Clara, de donde fue conducido a la estación policial y de esta al hospital provincial, en el cual murió tres días después.

La versión libre y tendenciosa de Granma no se limita a enmascarar la muerte del ex prisionero político e integrante de la Coalición Central Opositora; como si fuera poco, habla de supuestos antecedentes delictivos del finado y achaca la defunción a sus problemas de salud, que realmente los tenía, pero se agravaron con las caricias de los uniformados.

La nota no hubiera sido escrita si el suceso no tuviera trascendencia dentro y fuera de la isla. La noche anterior, el reportero español Mauricio Vicent publicó en El País (España): “Muere un disidente cubano tras recibir una paliza de la policía”. El articulista hispano cita el twitter de Yoani Sánchez, quien advirtió que “este hecho de violencia policial no es un caso aislado”

La red de bloggers y comunicadores independientes, como Guillermo Fariñas, Martha Beatriz Roque y otros conocíamos la agonía de Soto García, cuyo delito consistió en negarse a abandonar el parque de su ciudad, a 280 km de La Habana.

El hábito hace al monje. Granma distorsiona lo sucedido en vez de denunciarlo y exigir responsabilidad penal a los responsables del deceso de un ciudadano enfermo y pateado en la vía pública. En febrero y marzo del 2010, Granma y el Noticiero Nacional de Televisión, denigraron a Orlando Zapata Tamayo, muerto tras una prolongada huelga de hambre para exigir el cese de las golpizas en prisión. Calumniaron también al periodista Guillermo Fariñas, al declararse en huelga de hambre en demanda de la excarcelación de los prisioneros políticos enfermos.

Los reporteros de Granma, como Napoleón, que enviaba informes ficticios a Paris desde los campos de batalla, y como el Gobierno colonial en Cuba, que embellecía los informes a Madrid y calificaba a los independentistas como “pillos, manigüeros y asaltadores de camino”, se enreda en la mentira en vez de ajustarse a la verdad.

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