Formell, el espaldarazo a la segregación

El hombre que musicalizó “apartheid” que no permite residir en la capital a cubanos “del interior”

PUERTO PADRE, Cuba, noviembre de 2013, www.cubanet.org.- Juan Formell, este último miércoles, recibió el Premio Grammy Latino a la Excelencia Musical 2013, en la ciudad estadounidense de Las Vegas.

La noticia aquí fue acogida sin penas ni glorias. No es extraño: Puerto Padre es tierra de músicos de talento. Aquí nacieron Emiliano Salvador y Juan Pablo Torres. El primero, un virtuoso del piano y del jazz; y, el segundo, antes de Willie Colón conseguirlo, ya había dado mayor sonoridad a la música caribeña con sus trombones.

Sin cuestionar los méritos musicales del señor Juan Formell, ni el derecho del Grammy a premiar a quienes entiendan, un premio a la “excelencia por los aportes a la sonoridad nacional”, ya sean conseguidos a través de una tumbadora o de una gaita, precisan, del premiado, un comportamiento ético inmaculado.

Y, que sepa yo, los verdaderos artistas, los que hacen de las artes el sentido de sus vidas, y no sólo un medio de subsistencia, no llevan nombres por encargos y mucho menos por caer bien al Poder.

Los diez millones van, y de que van, van fue la consigna de la famosa zafra azucarera de 1970; la que inició el mismísimo Fidel Castro cortando cañas en un campo de la colonia San Ramón de este municipio, el 15 de julio de 1969.

Huelga decir que a partir de esta fecha y hasta el 18 de mayo de 1970, cuando Fidel Castro debió admitir: Los diez millones no van, ya la letanía de los diez millones van, y de que van, van, se había convertido en una suerte de santo y seña que abría o cerraba puertas en Cuba.

De tal suerte, aunque quienes pronunciaran la consigna tuvieran en mente lo imposible de fabricar aquella montaña de azúcar, tener en los labios el lema constituía un cheque al portador.

Lo contrario, ser honesto y decir: “compañeros, materialmente esto es imposible, los diez millones no van”, era, sino motivo de una sanción rigurosa, sí inobjetable condena de ostracismo.

Y vaya casualidad: el señor Juan Formell Cortina, nacido en La Habana el 2 de agosto de 1942, que entre 1959 y 1968 había integrado la banda de música de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), la orquesta del hotel Habana Libre y la de Elio Revé, al fundar su propia agrupación musical el 4 de diciembre de 1969 adoptó para ella el rótulo mágico: Van Van.

Quizás no contento con adoptar un nombre pintarrajeado en los muros del castrismo, entonces, más tarde, el señor Formell cantó recordándonos el apartheid que vivimos los cubanos.

Su nueva creación la título La Habana no aguanta más. Era un espaldarazo a la política de segregación castrista que no permitía residir a cubanos de ciudades del interior en la capital de su propio país.

Mientras mujeres y hombres, blancos y negros, más negros que blancos, cubanos todos, eran echados de La Habana por gendarmes amparados en decretos gubernativos, embarcándolos en trenes sin apenas comida ni agua en viajes de cientos de kilómetros que constituían verdaderas torturas, el señor Formell Cortina parecía tararear al oído del generalato y de sus policías: La Habana es para los que pueden… ¡pueblerinos, váyanse al carajo!

Señores… lo dicho: los de Grammy pueden conceder sus premios a quienes ellos entiendan, ese es su derecho. Y ese derecho marca la diferencia: el régimen que ya por más de medio siglo dispone sobre vidas y haciendas en Cuba, jamás, entiéndase bien, jamás, ha concedido ni concederá un premio a un escritor, a un músico o a un albañil que no piense y actúe como ellos.

Cuando, en el 2000, el señor Juan Formell recibió un Grammy por su disco Llegó Van Van, acerca de ese premio dijo:

“Es un triunfo de la música popular bailable que se hace después del triunfo revolucionario”.

Y a las 6:42 PM del 20 de septiembre de 2009, en el concierto de la Plaza de la Revolución promovido por Juanes, Formell expresó:

“Duélale a quien le duela, ya se hizo el concierto por la paz, ya está bueno de abuso”.

Ahora, acaba de conseguir otro premio Grammy. ¡Enhorabuena! Ellos maldicen la democracia y la democracia los premia.

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