Fábula

Fábula

Una de los últimos estrenos del cine cubano aborda un tema sin duda perturbador para el viejo régimen

LA HABANA, Cuba,  enero, www.cubanet  -Somnoliento, Arturo mira con despreocupación hacia la calle, a través de la ventana de la guagua. En una parada, una mano femenina toca en su ventana: Así comienza Fabula,  la más reciente película de Lester Hamlet. Una producción del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica, en coproducción con otras pequeñas productoras independientes.

Dedicada a Rufo Caballero, amigo del director, la obra se acerca a la manera de  Pasolini o Almodóvar, en lo referente al tema de las relaciones homosexuales. Y Hamlet lo hace de manera provocadora. Quizás para borrar la imagen “políticamente correcta” de su anterior película, Casa Vieja, estrenada en Cuba a principios del año 2011.

En esta película, cuenta con dos generaciones de actores. Uno maduro y seguro, compuesto por Alina Rodríguez y Fernando Echevarría, quien se luce nuevamente, ahora en la complejidad del rol del papá de Arturo.  Mientras en el otro grupo, compuesto por jóvenes, sobresalen los protagonistas Carlos Luis Gonzales  (Arturo), Alicia Hechavarría (Cecilia), y los “secundarios” Sandy Marquetti  (Ernesto) y Yori Gómez (Julia).  Estos últimos con poco tiempo en pantalla, pero con una fuerza que desbanca la actuación de los principales.

Lester Hamlet tomó como motivo para su obra el cuento “Fabula de un amor feliz”, del escritor Alberto Garrandés, y lo trabajó a dos manos con Alejandro Bruges.

La dirección de fotografía de Svening Bokn, se resiente por no aprovechar las luces del trópico. En las tomas en exteriores el problema se hace critico porque, a pesar de todo, la luz solar aplasta los demás tonos. El problema sobresale en la escena del malecón, cuando la pareja pasea con su hija.

Punto y aparte merece el trabajo del editor, Adrian García, que no logra la síntesis necesaria para llegar a buen puerto. Escenas demasiado largas, a punto de parecer un videoclip con música incorporada. Otras demasiado cortas, tanto como para no entender qué sucede. Su trabajo nos revela los problemas que pudo tener el proceso de producción y postproducción del filme.  También  se resiente el sonido y el doblaje, con muchos diálogos incomprensibles.

En esta Fabula, Lester cultiva un naturalismo que destruye la usual tendencia costumbrista del realismo socialista del cine cubano, que tan presente en su anterior filme, Casa Vieja. Recrea una realidad marginal, del subproletariado urbano, y con elementos que se tienen por escandalosos y provocadores: jineteras, lesbianas, homosexuales, mercado negro, policías imbéciles, homosexualidad desgarrada, matizado con heterodoxas escenas de sexo.

Material escandaloso, si sólo se juzga desde la óptica de nuestra isla encerrada en sí misma. Y mediante el cual Lester Hamlet tal vez pretendió, como en el caso de los surrealistas, épater les bourgeois (perturbar a los burgueses). Que en este caso serían los patriarcas del viejo régimen.

aleagapesant@yahoo.es

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