Exonerar al único culpable

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Las particularidades de la discriminación racial en Cuba, generan argumentaciones que desvirtúan la esencia del problema

LA HABANA, Cuba, mayo (173.203.82.38) – Las particularidades de la discriminación racial en Cuba, generan argumentaciones que desvirtúan la esencia del problema.

No son pocos los cubanos y extranjeros que niegan la existencia en Cuba del rechazo social por el hecho de tener la piel más oscura, el pelo rizado y la nariz chata. Para sustentar su tesis, alegan el aumento de las parejas mixtas y la relativa visibilidad de negras y negros en algunas categorías laborales y políticas donde su presencia sigue siendo ínfima. A modo de ejemplo, mencionan la presencia de negros en algunos puestos de importancia en las tiendas que operan en divisas, y también un discreto aumento de de los mismos en el ejercicio de responsabilidades políticas a nivel nacional.

No obstante, al analizar el contexto más objetivamente, se llega a la conclusión de que, al margen de ciertos esfuerzos que no llegan a materializarse en un verdadero avance en esta área, persiste el fenómeno segregacionista. El cliché  de que el negro es un ser inferior, mal educado y propenso a perpetrar las peores acciones delincuenciales, se mantiene como un sello entre una parte significativa de la población.

De ser ciertas tales acusaciones, sería oportuno buscar las causas, y no sólo el efecto, de una realidad que incidirá en el futuro de la nación, debido al extenso período en que han prevalecido. Bajo el telón de decenas de soluciones sin resultados que merezcan un elogio, permanecen los gérmenes de un mal que el propio sistema reproduce.

A diferencia de otras sociedades, como la norteamericana, donde el tema del racismo ha sido confrontado y desde hace más de medio siglo ha formado parte del debate social; en Cuba el ocultamiento del asunto durante años provocó las actuales complicaciones, proporcionando los camuflajes tan necesarios para que los racistas hayan preservado su pensamiento y lo hayan transmitido, abierta o sutilmente, a las nuevas generaciones.

Hace unos días el economista Esteban Morales, conocido por sus ensayos sobre el tema y por sus estrechas vinculaciones con el régimen cubano, ha vuelto a poner el dedo en la llaga, aunque soplando para evitar que le endilguen el calificativo de contrarrevolucionario.

Morales vuelve a repetir en su blog que los negros y mestizos “han sido siempre los de menor calificación, los más desfavorecidos en el plano laboral, ostentando los peores empleos, las más bajas remuneraciones salariales y las más bajas jubilaciones”.

Precisamente, esas desventajas son el caldo de cultivo para conductas transgresoras por parte de los afectados, que en Cuba conforman más del 60 por ciento de la población.

Incluso dada la gravedad del asunto, el autor de las evaluaciones críticas llega a pedir al gobierno la implementación de una especie de “ley de acción afirmativa” que garantice a este grupo social un igual acceso a los recursos y servicios, como paliativo para estrechar los niveles de desigualdad acrecentados a partir de la década de los 90, tras el cese de los subsidios provenientes del campo socialista.

No es fortuito que los presos comunes en su mayor parte sean de la raza negra. Su escasa posibilidad de encontrar empleos bien remunerados, prácticamente los obliga a dedicarse a actividades fuera de la ley. Este punto es también tocado por Morales en su ensayo colgado en Internet.

La coherencia de su discurso se rompe a partir de las loas que dedica a la revolución socialista. No tiene reparos en calificar de “extraordinariamente humanista” al proceso que rige los destinos de Cuba desde 1959, además de celebrar los esfuerzos del gobierno por proscribir el racismo y brindarle igualdad de oportunidades a los negros.

A estas glorificaciones, añade ataques a quienes defienden similares tesis con respecta a la presencia del racismo en Cuba, pero desde las filas de la disidencia interna.

Sus duras críticas al exiliado negro Carlos Moore, que sí acusa al liderazgo cubano como responsable de los problemas raciales, podrían ser genuinas; sin embargo, dado el contexto en que se emiten pierden el brillo de la originalidad.

Es preciso valorar positivamente el documento escrito por Esteban Morales, siempre con la duda de que las diatribas contra Moore y los críticos independientes de este flagelo, sean una forma de protegerse ante la dictadura, a la que exonera de culpabilidad siempre que aborda el racismo y la corrupción.

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Jorge Olivera Castillo

Jorge Olivera Castillo. Ciudad de la Habana, 1961. Periodista, escritor,
poeta y editor de televisión. Durante 10 años trabajó como editor en la
televisión cubana (1983-1993). A partir de 1993 comienza su labor en las filas de la disidencia hasta hoy. De 1993 a 1995 como secretario de divulgación y propaganda del sindicato independiente Confederación de Trabajadores Democráticos de Cuba (CTDC). A partir de 1995 labora como periodista independiente. Fue director de la agencia de prensa independiente Habana Press, de 1999 hasta el 2003. El Instituto Lech Walesa publicó en 2010 su libro de poemas Cenizas alumbradas en edición bilingüe (polaco-español). También en el 2010 la editorial Galén, publica en edición bilingüe (francés y español), su libro de poemas En cuerpo y alma, editado en el 2008 por el Pen Club checo.

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