Estafaron a la Tía

El nuevo techo resultó una estafa, pues cuando llovía el agua se filtraba

LA HABANA, Cuba, septiembre (173.203.82.38) – La Tía, como afectuosamente le dicen, iba a ser aplastada de un momento a otro. El techo de su apartamento no daba más, y no había otra posibilidad que no fuese tumbar y reemplazar. Solo mirar hacia arriba daba miedo.

Familiares que viven en Estados Unidos le enviaron a la octogenaria Tía unos dólares. Los dos hijos que viven en Cuba también aportaron dinero y mano de obra. Vendiendo durofríos, ahorrando peso a peso, y con el aporte familiar, se compraron los materiales necesarios. Por último. El cemento apareció en un rastro cercano, en el municipio Arroyo Naranjo.

Una brigada de tres albañiles hizo el trabajo, pero después de terminado, el nuevo techo es un desastre porque el agua lo traspasa cuando llueve. Estafaron a la Tía.

Desde que el gobierno autorizó la venta liberada de materiales de construcción y eliminó algunas restricciones que imposibilitaban construir viviendas con esfuerzo propio, en apenas un año se nota un incremento en las reparaciones, modificaciones y las casas que se construyen en los barrios. Es una industria en ciernes que genera empleos informales.

El cemento que se vende en los rastros es clasificación P-250. Tiene menor consistencia que el P-350, el indicado para estructuras y techos que deben soportar cargas. El cemento P-250 se aconseja utilizarlo para repellar paredes, poner pisos y otras obras ligeras. Cuesta 87 pesos si se compra a granel en los rastros. El cemento que se comercializa en bolsas vale 105 pesos. La Tía pagó por el que viene a granel, envasado en el rastro, 100 pesos, y se lo vendieron como si fuera P-350. Habría que preguntar qué estaban haciendo los hijos.

Muchos cubanos que  van adentrándose en el negocio de la construcción esperan ansiosos el 1º de noviembre, fecha en que supuestamente entrará en vigor la ley que permite la compra y venta de inmuebles. De terrenos nada se ha dicho.

Muchos cubanos piensan que el gobierno no permitirá a los nacionales el enriquecimiento con los negocios de inmuebles, pues todavía está vigente la radical consigna de que “las casas son para vivir en ellas, no para vivir de ellas”.

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