Erradicar la pobreza pero no la libertad

Erradicar la pobreza pero no la libertad

“Apuntando alto”, eslogan de la Cumbre de CELAC, no apuntó hacia erradicación de la pobreza sin violentar libertades

LA HABANA, Cuba, febrero, 173.203.82.38 -Los países latinoamericanos, representados por sus respectivos Jefes de Estado, han conferido a Raúl Castro, el actual mandatario de la Isla, la presidencia pro tempore de CELAC. Dicha acción contradice las palabras del discurso inaugural que pronunciara el presidente chileno, Sebastián Piñera, cuando expresó: “Al igual que la Unión Europea, los países de la región, se han comprometido con los valores de la libertad, la democracia, el Estado de Derecho y los derechos humanos”.

En el mismo discurso de apertura, el presidente chileno mencionó como una de las innovaciones de esta Cumbre la participación de los 3 poderes del Estado y la incorporación plena de la sociedad civil. ¿Cómo habrá resuelto Cuba ese problema? ¿Puede el poder monolítico cubano haber participado de la misma manera que el resto de las delegaciones? Tampoco hubo ningún comentario al respecto en los informativos nacionales.

“Todo el poder para el Estado” es la mejor definición de nuestro sistema político. En la construcción de esa supuesta panacea social contra la exclusión y la pobreza, juega un papel determinante la policía política, con aquella excusa de “los intereses hegemónicos del imperialismo” y con la filosofía retrógrada de que “en una plaza sitiada, la disidencia es traición”.

Negar la discrepancia es la actitud irracional que acompaña al régimen cubano. El radicalismo, el fundamentalismo, la divisa de que el fin justifica los medios, son mucho más sencillos que someterse al cuestionamiento ético que permita la convivencia en paz entre los diferentes partidos de una sociedad.

Es una verdad de Perogrullo que la sociedad está compuesta por diferentes miembros que se agrupan y organizan para identificar sus intereses. Lo único que debería ser intolerable es la violencia. La represión contra la sociedad civil ha sido asumida por los partidarios de la extrema izquierda como “necesidad histórica”. Tildar de apátridas y mercenarios a los opositores debería cansar ya a la opinión pública mundial.

¿Han dejado los latinoamericanos de apreciar la libertad? A ellos, como a los cubanos dentro de la Isla, se les ha hecho beber una sopa ideológica donde la meta continental más progresista debería ser: socialista, marxista, antinorteamericano, y sobre todo, pro Estado Máximo: ALBA.

En tanto, los cubanos padecemos una pobreza sin esperanza, además de no poder elegir otros gobernantes, otro camino que conduzca a la paz, la libertad y la prosperidad, pues cuando nos volvemos “cimarrones”, no dejamos de ser pobres, pero sí dejamos de ser asalariados del Estado.

La dictadura totalitaria no puede erradicar la pobreza. No puede generar riqueza a base de suprimir libertades. Y al impedir la libertad económica, se adueña de los individuos de manera que coacciona también su libertad política. Encadenados entre la ausencia de medios de subsistencia alternativos y la amenaza de persecución política por disentir, los cubanos se aíslan mientras esperan un milagro.

¿Es ese el modelo que quiere copiar América Latina? Todo indica que tiene fuertes partidarios. En Venezuela, con la asesoría directa del gobierno cubano, se está conformando la dictadura del Estado. Las incitaciones al pueblo a defender la revolución, a comportarse con intransigencia revolucionaria, a “superar” el Estado de Derecho, son, a las claras, lecciones cubanas. Hasta la disposición de los ministros y sus comunicados parecen escritos por los ideólogos del partido comunista de Cuba.

La secretaria ejecutiva de una organización izquierdista, entrevistada por TeleSur, con motivo del nombramiento de Raúl Castro como presidente de CELAC, afirmaba que Cuba era un ejemplo de igualdad. El propio canciller venezolano, Elías Jaua, expresó a propósito del nombramiento del nuevo presidente pro tempore de CELAC: “un signo de los nuevos tiempos de América, donde los imperios no imponen la exclusión de ningún hermano y todos caben con respeto a la soberanía y a su proceso político”. Poco parece importarle al canciller chavista que ese proceso político suponga graves violaciones de los derechos humanos.

En lo único que son iguales los habitantes de un país socialista de la escuela cubana, que es la leninista, es en la servidumbre.

Cuba está en el primer lugar del Hemisferio Occidental por el número de personas condenadas por razones políticas, según el informe de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional. Los centros penitenciales cubanos permanecen cerrados por el gobierno a observadores nacionales independientes o al Comité internacional de la Cruz Roja. Según el relato de los que han estado encarcelados en esos centros, los reclusos sufren condiciones crueles, inhumanas, y degradantes. Las huelgas de hambre aparecen como único recurso para reclamar derechos, por ejemplo, el derecho a un juicio justo, con garantías de imparcialidad. Pero la imparcialidad es impensable en un régimen como el nuestro, único encargado de marcar la pauta de lo que se considera moral y de lo que se considera punible.

“Apuntando alto”, el eslogan de la Cumbre, ha pasado de largo frente al más peligroso de sus problemas. Desde Cuba, albergo la esperanza de que exista otro camino para erradicar la pobreza sin violentar la libertad.

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