Eran pocos y parió Catana

Por lo demás, es falso, y de sencilla comprobación hasta hoy, que los cubanos de la Isla dejaron de simpatizar con Obama

LA HABANA, Cuba, febrero / 173.203.82.38) – Preguntarle a 6 personas, entre los casi 2 millones que hoy residen en La Habana, su opinión sobre el actual Presidente estadounidense, y luego resumir el asunto en un reporte cuyo título es “Cubanos no creen más en sonrisa de Obama”, confirma que aquí hay quienes, más que hacer periodismo, prefieren hacer farfolla.

Ese es el título de un reporte divulgado por la agencia AP, el pasado 20 de enero, desde la capital de la Isla.

En síntesis, lo que menos cuenta para el caso son las opiniones vertidas por los 6 paisanos que encuestó el reportero. Aun cuando mayormente lo que expresan no parezca ser representativo del criterio general. Y a pesar de que cualquiera que no sea el encuestador nota con facilidad que casi todos son víctimas de la desinformación y la manipulación que resultan comunes entre nosotros.

Pero lo que en verdad revela (cuando menos) falta de agudeza por parte de AP, es abrirle espacio público, sin las acotaciones que impone el rigor de la profesión, a declaraciones tales como que a Obama “no se le ve un interés verdadero en mejorar las relaciones con Cuba”, algo que no es en modo alguno demostrable, ya que el pícaro atrincheramiento de nuestra dictadura le cortó el impulso radicalmente y desde muy temprano a cualquier paso en esa dirección.

Eso por no abundar en auténticas mentecatadas que, según AP, declararon otros paisanos y que el reporte de marras deja correr sin matizaciones. Pongamos por caso al que dijo que Obama: “Es negro de piel pero blanco de alma”.

En verdad resulta curioso que este artículo de una agencia extranjera, que se supone libre y para nada sujeta a las presiones del régimen, publique una información cuyo contenido (con el título por delante) coincide en tiempo y circunstancias con la cruzada anti-Obama que ahora mismo se está llevando a cabo desde Cuba, muy en particular por Fidel Castro y su boyada de retrógrados.

Al margen de los aciertos y pifias que caracterizan hasta hoy la gestión del presidente estadounidense, y más allá del hecho cierto de las limitaciones que le imponen los poderes reaccionarios (y racistas) que actúan en su entorno, queda fuera de toda duda, ya que ellos mismos lo evidencian a diario, la contrariedad y aun la tremenda zozobra que desde el inicio trajo su elección a nuestros caciques, no sólo por lo que respecta a la posibilidad del mejoramiento de relaciones entre ambos países –lo cual, como sabemos, nunca fue de su agrado ni de su conveniencia- sino por el beneficio que reporta la imagen de Obama a su tan odiado e inútilmente vilipendiado enemigo imperial.

Por lo demás, es falso, y de sencilla comprobación hasta hoy, que los cubanos de la Isla dejaron de simpatizar con Obama. Aun a contracorriente de lo mucho que machacan nuestros medios de (des) información. Incluidos los de afuera que se apuntan en la cruzada, validando aquello de que eran pocos y parió Catana.

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