El tren Habana-Santiago en tres tiempos

El tren Habana-Santiago en tres tiempos

En Cuba, los negocios estatales se comportan como los malos perfumes: no tienen un buen fijador

LA HABANA, Cuba, diciembre, 173.203.82.38 -Resulta muy recurrente en Cuba una frase que indica que los negocios estatales se comportan como los malos perfumes: no tienen un buen fijador. Es decir, que generalmente empiezan bien, pero con el paso del tiempo naufragan en medio de la desidia y el mal servicio. Esa es la razón por la que cada vez que se inaugura un restaurante, una cafetería, una heladería, o cualquier otro tipo de servicio a la población, las personas tratan de visitarlos cuanto antes, convencidas de que a los dos o tres meses ya nada será igual. Por supuesto que el servicio de trenes que cubre el itinerario entre La Habana y Santiago de Cuba no tendría por qué ser la excepción.

A finales de los años noventa se anunció el inicio de un servicio ferroviario especial entre las dos ciudades más importantes de la isla. Se trataba de coches modernos, veloces y dotados de una infraestructura que garantizaba la adecuada atención a los viajeros. Solo tendría dos paradas en su recorrido, en las ciudades de Santa Clara y Camagüey, y por tanto el tiempo de la travesía se calculaba en 13 horas, recorrido que los ómnibus cubrían esa ruta en algo más de 15 horas. Y tanto confiaban los dirigentes del sector ferroviario en que lo anterior se cumpliera, que establecieron un pago de indemnización a los viajeros si el trayecto excedía de las referidas 13 horas. Además, había una “merienda reforzada”, la que podía solicitarse en cualquier momento del viaje.

Lógicamente, los usuarios respiraron con alivio al suponer que quedaba atrás el viejo servicio, plagado de ineficiencias y maltrato a los viajeros. Pero…

En el año 2003, por motivos de trabajo, viajé por ferrocarril a la ciudad de Santiago de Cuba. Tardé alrededor de 14 horas en llegar a mi destino, y no recibí indemnización alguna. Al comenzar el viaje, la ferromoza me anunció que cogiera la merienda en ese momento, pues ella no podía garantizármela si la solicitaba más tarde. Y lo peor sobrevino debido a la desorganización e inseguridad en los coches. Tanto en Santa Clara como en Camagüey subió al tren una gran cantidad de personas vendiendo una infinidad de alimentos ligeros; pero no solo con ese objetivo, sino que, y ese era el comentario generalizado de los pasajeros, al menor descuido cargaban con cualquier equipaje que no estuviese resguardado. Se comprenderá la zozobra que semejante situación ocasionaba en los viajeros. Sin embargo, los momentos más críticos de los trenes Habana- Santiago estaban aún por llegar.

No hace mucho salió a la palestra la denuncia de un viajero sobre irregularidades acaecidas en los trenes que prestan el servicio que comentamos. Refiere el denunciante que el pasado 11 de agosto, cuando se dirigía desde la capital hacia la ciudad del Oriente cubano, les comunicaron a los pasajeros, a la altura del poblado de San Luis, no muy lejos de Santiago, que la locomotora se había quedado sin combustible, y había que esperar por otra para que remolcara al resto de los coches. A la postre, la locomotora remolcadora, procedente de Santiago, arribó hora y media después, con el consiguiente perjuicio para los viajeros.

La propia persona cuenta que, unos días después, el siete de septiembre, lo mismo le sucedió a la locomotora que rendía el trayecto Habana- Santiago. Pero esta vez el remolcador llegó cuatro horas después de que se hubiese acabado el combustible. Durante toda esa espera, los pasajeros de los 12 coches no contaron con ninguna posibilidad de mitigar el hambre y la sed, ya que en la única toma de agua accesible, el líquido no era potable.

Como puede apreciarse, en Cuba el buen fijador es casi coto exclusivo de exquisitos perfumes. Por cierto, muy caros e inalcanzables para el bolsillo del ciudadano promedio.

Orlando Freire Santana

Orlando Freire. Matanzas, 1959. Licenciado en Economía. Ha publicado el libro de ensayos La evidencia de nuestro tiempo, Premio Vitral 2005, y la novela La sangre de la libertad, Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, 2008. También ganó los premios de Ensayo y Cuento de la revista El Disidente Universal, y el Premio de Ensayo de la revista Palabra Nueva.

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