El rostro del Che anda suelto por Chicago

Se enmarca en un contexto donde la policía no impide a nadie portar o gritar consignas contra Obama

CHICAGO, Illinois, diciembre, www.cubanet.org -Ya sabemos que la mesiánica imagen de Che Guevara según Korda recorre el mundo igual que hacía el famoso fantasma del comunismo según Marx, aunque muchas personas solo saben a ciencia cierta que son cosas del pasado. De todas formas, no deja de ser curioso encontrarse con la cara del violento guerrillero en diferentes sitios de Chicago, lo mismo en un enorme muro público que en la pared de la casa de un hombre profundamente religioso y dedicado amorosamente a su comunidad. Y eso es normal cualquier día del año.

Por supuesto que en Estados Unidos hay gente que lucha para que algunas minorías o determinados individuos disfruten de los derechos humanos del mismo modo que el resto, pero, indudablemente, el hecho de que se cumplan sesenta y cinco años de la Declaración Universal de Derechos Humanos no es un motivo para hacer reivindicaciones masivas en este país. Para no ir más lejos, a nadie le impide la policía portar o gritar consignas contra el gobierno o contra el mismo presidente Obama, ni siquiera defender la imagen y el mito de hombres como Ernesto Guevara o Fidel Castro, enemigos jurados, conjurados internacionalmente y ­—sobre todo— armados, contra Estados Unidos.

Y no es, en primer lugar, que el gobierno sea permisivo y vele por la vigencia de los derechos humanos. En primer lugar, se trata de una sociedad donde, más que la tolerancia, se practica el respeto por las opiniones ajenas, lo cual no impide que en algunos lugares pueda haber personas dispuestas a aplastar a otros por sus ideas.

Al menos en Chicago, lo que he encontrado en los más diversos ambientes es una convivencia muy natural de opiniones y actitudes, aun cuando en ciertas ocasiones puedan resultar un poco delirantes o, en el mejor de los casos, sumamente desvinculadas de la realidad. Por ejemplo, un día, en medio de un grupo de personas, estaba yo conversando con una cubana exiliada que había logrado salir del país hace casi veinte años, huyendo de una situación general insoportable, y que además no tenía intenciones de regresar allá, cuando nos interrumpió una conocida escritora, profesora y actriz española para felicitarme por mi valor de salir al mundo y expresarme su alegría por la nueva posibilidad que tienen los cubanos de viajar fuera del país, porque así podrán atestiguar con sus propios ojos cuán desastrosamente mal marcha el mundo y qué bien está Cuba.

Conocí a un pintor, poeta, músico, un chicano amabilísimo, que no soporta una injusticia ni de oídas y que todos los días pone una vela delante de una foto de Ernesto Guevara. Sobre su amor por la libertad y la igualdad de oportunidades para todos no me cabe la menor duda, como tampoco sobre su profundo desconocimiento acerca de lo que pasa en Cuba y de los protagonistas de su historia reciente, y pasamos muchas horas de una larga noche hablando sobre nuestras respectivas opiniones sobre la revolución cubana y sus tópicos. Al final, aunque él seguía opinando más o menos lo mismo, estuvo de acuerdo conmigo en que, si iba a Cuba y se expresaba allá con la libertad con que se expresaba en su ciudad, terminaría preso o expulsado del país como persona non grata.

Claro, no es lo mismo cuando un hispano o una persona cualquiera de un sector de la población menos favorecido muestra alguna simpatía por el comandante argentino o por el comandante cubano o por el venezolano, o por cualquier otro caudillo latinoamericano enfermo de poder (casi nunca saben lo suficiente siquiera para poder tener un juicio, sobre todo de Ernesto Guevara, a quien consideran una especie de Cristo muy activo, atractivo y atraído místicamente por el bien de los pobres del mundo), que cuando un elegante intelectual de la izquierda caviar defiende esa entelequia que llaman revolución cubana, haya o no visitado el país, porque está juzgando con conocimiento de causa, a partir de un cúmulo de información enorme, a sabiendas de que es poco profesional confundir la vigilia con el sueño, mientras que el otro ha sido casi siempre víctima de una de las más exitosas campañas propagandísticas del castrismo en el Tercer Mundo, y más allá: el culebrón del heroico y buen David barbudo resistiendo al ciclópeo y malvado Goliat imperial.

Una pintora de origen mexicano, que es de izquierda pero que se ha mostrado firmemente en contra de la dictadura cubana, me cuenta que ahora muchos de sus colegas y amigos la consideran de derecha, unos en broma y otros en serio. Ella se encoge de hombros como diciendo: “Allá lo que piense cada cual”. O sea, es inconcebible que alguien se ofenda por lo que piense y por lo que diga otro acerca de lo que piense o diga uno.

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