El retorno de Gelabert

El retorno de Gelabert

La obra, recorrida por su intención escatológica, le ha ganado a Gelabert un sitio prominente en el arte

LA HABANA, Cuba, noviembre (173.203.82.38) – Tras dos décadas de producción escultórica e instalaciones fuera de la isla, retornó en noviembre a la capital cubana, exposición mediante, el escultor Florencio Gelabert Soto (La Habana, 1961), hijo del Gelabert, que dejó notables huellas en la escultura insular del siglo XX.Gelabert II vive y crea en New York, aunque conserva vínculos con artistas e instituciones de La Habana, donde estudió escultura en la Academia de Bellas Artes de San Alejandro y en el Instituto Superior de Arte (ISA), tras lo cual sorprendió a la crítica con su heterodoxa exposición Esculturas, pero al igual que otras figuras de la generación del ochenta se marchó del país en busca de libertad y oportunidades.

Gelabert Soto fue reconocido internacionalmente por su exposición itinerante Sonidos del bosque, expuesta a fines de los noventa en la Galería Ambrosino de Miami, el Museo de Arte Contemporáneo “Jacobo Borges”, de Caracas, y el Museo de Arte Contemporáneo de Panamá.

Los críticos señalaron el carácter ecológico de dicha muestra, reveladora del interés en investigar la naturaleza a través de los instrumentos de labranza. Advierten que “trabajaba entonces la forma por la forma, pero se acercaba al conceptualismo desde un camino personal”; además de preocuparse “no solo por el ecosistema sino también por utilizar la materia misma en sus obras objetuales”.

El sentido escatológico del artista, amigo de transgredir los límites impuestos y jugar con territorios incómodos que sorprenden a espectadores y especialistas, se hizo palpable en la exposición Grietas y Desechos. Vistas urbanas, en Galería Praxis Internacional (Miami, 2010), donde incorporó desechos humanos y desperdicios del paisaje citadino, desde los cuales propuso otra mirada del entorno, como ahora en La Habana, con Huellas, en la que revisita las ruinas de la capital con cinco instalaciones que molestan o fascinan a quienes recorren Villa Manuela, la galería de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, situada en H y 17, Vedado.

Al reseñar las Huellas de Florencio Gelabert Soto, la curadora Marilyn Sampera Rosado subraya que el reencuentro “cumple un feliz y dual destino. La huella del Maestro Florencio Gelabert, su padre, reverenciada con legítima contemporaneidad, y el registro de lo universal aprehendido, digerido intelectual y artísticamente en los espacios distantes de lo ajeno”.

En su retorno, Gelabert se apropia del espacio grotesco de La Habana: las ruinas de la parte antigua que se caen en pedazos; recreadas a través de instalaciones como El Sitio (confeccionado con plywood, rama de árboles, tubo de cobre, cubo de metal, mangueras y bombas de agua), La salida (plywood, pladur, Papier Maché, plantas y pintura de hierro), La Cañería II y Desagüe, todas de 2011, en las que descuella lo feo cotidiano, lo simple depreciado; lo cual reta al público y apuesta por sensibilizarlo con lo escatológico que nos rodea.

Este escultor, distinguido en los principales museos de arte y galerías de los Estados Unidos, Europa y América Latina, participó en las bienales Barro de América (1998 y 2001), la de Uppsala, en Suecia (2000), la Bienal del Barrio en New York (2007) y en la XXXI Bienal de Pontevedra, en España (2010). Se prevé su presencia en la Bienal de La Habana del año 2012.

[fbcomments]