El perdón no excluye a la justicia

Para futuro democrático hay que prepararse desde ahora, registrando nombres de verdugos que deberán responder ante la ley

GUANTÁNAMO, Cuba, abril, 173.203.82.38 -En Cuba hay personas que piensan que el régimen es eterno. Por eso continúan abusando del pueblo. Otras estiman que en los primeros meses de un gobierno democrático deben replicarse los paredones de fusilamiento que implantó Fidel Castro una vez en el poder. Por difícil de aceptar que sea para algunos, la única opción posible es la del perdón, si realmente queremos que nuestro país se adentre en una senda de democracia y progreso, entierre para siempre la desigualdad política y, con ella, la nefasta incubación de las revoluciones.

El perdón no excluye a la justicia. Abrirnos al perdón no significa coyunda con la impunidad. De ahí que resulte imprescindible registrar el nombre de las víctimas y las acciones que sufren, pero también los datos de los verdugos y sus cómplices.

Llevar un control exacto de las detenciones arbitrarias, las violaciones de la legalidad, las golpizas, los juicios ilegales, las sanciones extremadamente severas que ocultan un propósito político, las muertes ocurridas en extrañas circunstancias, la expropiación ilegal de bienes, los abusos de autoridad, la acepción de personas, en fin, de todo lo que en el futuro deba ser examinado para determinar legalmente hasta dónde llega cada responsabilidad. Restablecer la memoria histórica es también una tarea de primer orden para la disidencia cubana.

Cuba ha sufrido mucho en los últimos sesenta y un años. Primero, fueron las muertes de los valerosos jóvenes que se levantaron en armas contra Batista, con la esperanza de que  el derrocamiento del tirano trajera de vuelta el orden democrático que su generación prometió al pueblo cubano en varios documentos históricos. Junto a esas muertes, están las de numerosos inocentes que un día fueron a un cine, un restaurante o cualquier otro lugar público y, a su lado, explotó una bomba colocada por el Movimiento 26 de Julio.

El gobierno nunca ha informado cuántos fueron los cubanos que perdieron sus vidas así, ni cuántos policías o guardias fueron asesinados a traición para ser privados del arma, pues a las montañas no se podía llegar con las manos vacías. Nada se ha dicho sobre cuántas familias cubanas quedaron sin padres, hermanos o hijos por estos hechos realizados por los revolucionarios, los mismos que ahora atacan al terrorismo y dicen que no hay uno bueno y otro malo. También deberá investigarse rigurosamente cuántos jóvenes cubanos murieron en esa lucha desde el bando revolucionario, pues ya se conoce cuál es el origen de la famosa frase de veinte mil muertos.

Una vez en el poder, los revolucionarios desataron una verdadera pasión por la sangre. En enero de 1959, en uno de los balcones del entonces Ayuntamiento de Guantánamo, se mostraba  a varios guardias y policías del ejército de Batista, y la turba allí reunida pedía paredón, pues a todos  les achacaba crímenes. A un joven rebelde se le ocurrió pelarse, afeitarse y vestirse con un uniforme del ejército. Así lo sacaron al balcón, y la turba también pidió su fusilamiento. Ahí mismo terminó la farsa, pero instantes después, ante un intento de fuga de uno de los detenidos  que  estaba sobre un camión, una ráfaga de ametralladora segó la vida de varios de esos guardias y hasta la del chofer, lo cual consta en una de las Ediciones de la Libertad de la Revista Bohemia.

La traición del nuevo gobierno a los postulados democráticos sobre los cuales se concibió la lucha contra Batista, originó la división del movimiento revolucionario. Quienes se negaban a  aceptar el rumbo totalitarista del nuevo gobierno fueron nuevamente a las montañas, y otra vez fue regada en ellas sangre cubana de ambos bandos, también sangre inocente. La exportación de la revolución y el terrorismo a múltiples lugares del planeta comenzó desde 1959. Se desconoce también el número exacto de esas víctimas, a las que debemos sumar las de Angola y Etiopía, las de las cárceles, los que han muerto frente a los paredones de fusilamiento y en el estrecho de la Florida.

La estela de sangre de la revolución cubana es impresionante, pero la vida humana es lo extraordinariamente valiosa como para que la disidencia no opte por la violencia. Para ese futuro  democrático que algún día llegará hay que prepararse desde ahora. Entonces no habrá que fusilar a  nadie.

Solamente tendrán que publicarse los nombres de los verdugos y cómplices, buscarlos, detenerlos y enjuiciarlos. No habrá que demoler ni una sola prisión, ni un calabozo, ni una   estación de policía, para ver si cuando esos verdugos y sus cómplices sean sus huéspedes se atreven a reclamar mejores condiciones.

Habrá entonces muchos ciegos que nunca quisieron ver y que de pronto adquirirán una visión aguda, sordos que nunca escucharon y escucharán hasta el vuelo de una mosca. Nadie podrá culpar al nuevo gobierno de violación de los derechos humanos, porque todo se habrá hecho con el molde de los odres viejos. Imagino el clamor hipócrita de la izquierda adocenada. Pero antes hay que registrarlo todo.

[fbcomments]