El mito del desembarco del Granma

Desde antes de su instauración, el 1ro de enero de 1959, ya el régimen fidelista venía fabricando mitos

LA HABANA, Cuba, septiembre (173.203.82.38) – Cualquiera con acceso al último número de la revista semanal Bohemia de diciembre de 1956, puede leer en un reportaje lo que sería tres años después el tan traqueteado e inflado desembarco del yate Granma. De los 82 invasores que desembarcaron, en un primer encuentro con el ejército, 6 resultaron muertos: Juan Manuel Márquez, Félix Elmuza Agaisse, Santiago Liberato Hirtzel, Luis Arcos Bergnes, Armando Mestre y Andrés Luján Vázquez.

Desde antes de su instauración, el 1ro de enero de 1959, ya el régimen fidelista venía fabricando mitos, dándose un aura heroica que no le correspondía. Pero en la mitología fidelista nunca se menciona que al menos 24 de los invasores del Granma se acogieron a la tregua militar y se rindieron. Luego harían declaraciones a Bohemia y a otros medios de prensa. No parecía existir censura gubernamental bajo la anterior dictadura. Tampoco se habla sobre las  garantías ofrecidas por la ley a los reclusos y sus abogados.

José Ponce Díaz declaró que el mayor de los Castro (Fidel) le disparó por la espalda, aunque sin lograr herirlo de gravedad, cuando le propuso rendirse. Mientras, Montané Oropesa manifestaba: “Me convencí de que no estaban creadas las condiciones para la insurrección”.

El resto de los detenidos, enviados a la cárcel, fueron: Mario Fuentes Alfonso, César Gómez Hernández, Manuel Echevarria, Alfonso Guillén Celaya, César Gómez Hernández, Francisco Chicola, José R. Alfonso, Arnaldo Pérez Rodríguez, José Fernández Fuentes, Carlos Trevín, Heriberto González, Enrique López, Norberto Abilio Collado, Mario Oliver Hidalgo Barros, Roberto Roque Núñez, Jaime Costa Chávez, Antonio Tabío López García, Pablo Hurtado, Enrique Cabrera, Norberto Godoy y Ladislao Pino.

Otra parte del grupo que pudo huir, desertando de la misión, y quién sabe cuántos de los autoproclamados “héroes” , corrieron pensando en protegerse en embajadas o en consulados latinoamericanos, que por entonces ofrecían asilo político.

Lo que se pone en duda hoy no es ni siquiera que fueran “vilmente asesinados”, según la confusa mitología fidelista, sino quién los asesinó apretando el gatillo: si los esbirros de aquel ejército, o los que meses más tarde los sustituyeron en el poder.

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