El fango de la ignominia

El fango de la ignominia

El Comandante puede expresarse con entera libertad sobre Libia, pero no sé por qué espera que Gaddaffi haga honor a las tradiciones beduinas

LA HABANA, Cuba, abril (173.203.82.38) – No comparto la opinión de Fidel Castro sobre lo que llama “la guerra fascista de la OTAN”. Suelo discrepar con el Comandante. Muammar Al-Gaddaffi me recuerda más a un fascista –y a sabe Dios qué más- que los generales de la OTAN, que militares al fin, tampoco son santos de mi devoción.

Más allá de las culpas de Occidente en la situación libia, si a Gaddaffi lo hubieran dejado hacer, lo que habría pasado en Bengazi, Tobruk y otras ciudades rebeldes, habría tenido más que ver con Guernica que la carnicería que de todos modos está ocurriendo por culpa de su soberbia.

El Comandante puede expresarse con entera libertad sobre Libia, pero no sé por qué espera que Gaddaffi haga honor a las tradiciones beduinas y muera peleando. El Comandante creerá que es lo mejor que puede hacer, pero el dictador libio ha demostrado varias veces que cuando Occidente le aprieta las tuercas, se sienta a negociar o se escurre como una rata.

Gaddaffi peleará hasta el último aliento del último de sus soldados y partidarios. Si muere, es porque no pudo escapar a tiempo.  Sería preferible que escape ya. A Caracas, La Habana, Harare o Jartum. A donde le dé la gana. A disfrutar los millones que robó. Que le aproveche. Su ambición criminal y sus  payasadas  no valen la vida de otro libio más.

Aun ni si Gaddaffi muere como un guerrero beduino, los pueblos lo respetarán. Tampoco será exactamente su muerte la que arrastre a la OTAN “al fango de la ignominia”.

Adolf Hitler resistió hasta el final. Pretendió que la nación alemana pereciera con él. Casi lo logró. Los  ataques de la aviación anglo-norteamericana y la artillería del Ejército Rojo redujeron a escombros a Berlín, Hamburgo y las principales ciudades alemanas. Hubo centenares de miles de víctimas civiles en las últimas semanas de la ofensiva aliada. No obstante, los pueblos no respetan a Hitler por ello. Su suicidio en su bunker berlinés no arrastró a sus enemigos al fango de la ignominia, que le pertenecía por completo a él y sus secuaces.

Que  excuse mi franqueza el Comandante, tan dado a las consignas que terminan en muerte, pero por muy beduino que se pudiera comportar Gaddaffi –algo bien dudoso de tener en cuenta su historial-, eso no lo convertirá en un héroe. ¿Por qué tendría que ser su caso diferente al de Hitler? El fango de la ignominia, pase lo que pase, será todo suyo.

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Luis Cino

Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956).
Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura.
Se inició en la prensa independiente en 1998. Entre 2002 y la primavera de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003. Reside en Arroyo Naranjo. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.

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