El drama de los corcheros

El insólito drama de los pescadores en una isla de gente hambrienta donde se prohíbe pescar

LA HABANA, Cuba, mayo, 173.203.82.38 -Pescar es  uno de los oficios  más antiguos  del mundo, y un hobby compartido por muchos. Los pescadores  pululan: profesionales o aficionados, asiduos o eventuales, en embarcación o de orilla.

En Cuba, antes del triunfo de la revolución, había muchas personas que vivían de la pesca, algunos con verdaderas empresas y otros con un simple botecito para arañar el mar en busca del sustento. No pocos tenían botes de recreo. Desde suntuosos yates hasta simples chalupas, unos para su uso personal y otros para alquiler o renta.

En los primeros años del nuevo régimen, ocurrió una estampida. Primero, escaparon en sus yates muchos que tenían una deuda política con los nuevos dueños. Le siguieron los que el nuevo gobierno llamó “siquitrillados”, personas cuyos bienes fueron expropiados. La revolución comenzó confiscando las grandes propiedades, luego, las medianas y más tarde, las pequeñas. En unos pocos años e; nuevo gobierno se apropió de todo, y sus víctimas huyeron.

El último en ser despojado fue el pueblo trabajador que nada tenía, gran parte del cual de buen gusto aprobó la rapiña contra los que tenían algo, creyendo que resultaría  beneficiado por el Robin Hood tropical, cuando en la realidad le reservaban lo peor: la confiscación de la libertad. La camarilla gobernante se enseñoreó  de todo y de todos; y decidió así también acabar con los paseos en barco –tan útiles para escaper de una isla rodeada de agua- y el hobby de la pesca en el mar.

Las autoridades confiscaron los botes de recreo al pueblo. Solo tuvierno derecho a tenerlos los integrantes de la nomenclatura comunista, y algunas personas muy identificadas con el régimen, a quienes, luego de muchas investigaciones, les autorizaron a tener alguna que otra pequeña embarcación, siempre bajo el contro absoluo de la Guardia Coastera. Establecieron la obliigatoriedad de un carnet de pesca, como requisito indispensable para poder salir al mar en una embarcación. Su obtención podía tardar años y tenía que firmarlo el mismi ministro de la pesca.

También los pescadores de orilla tuvieron dificultades. Las autoridades impusieron otro tipo de carnet para poder disfrutar de este pasatiempo. Esto, unido a la falta de los implementos necesarios, que desaparecieron de las tiendas, diezmó considerablemente la práctica. Los Pescadores submarinos también enfrentaron problemas de todo tipo. Con frecuencia a los pescadores se les decomisaban los peces que capturaban y los equipos, además eran multados.

Los pescadores profesionales tuvieron que agruparse en cooperativas controladas por el gobierno. Los que tenían buenas barcas las perdieron y pasaron a retiro. Los demás pasaron a ser empleados del estado que trabajban en embarcaciones estatales. Muchos fueron reclutados por el ministerio del interior como agentes o simples soplones, encargados de delatar a cualquiera que intentara escapar de la Isla prisión. Esta persecusión se suavizó después de la crisis de los balseros de 1994 y los consiguientes acuerdos migratorios de 1995, entre Cuba y Estado Unidos. El astuto Casto puso en manos del “enemigo” el trabajo sucio de perseguir a los balseros y devolvérselos.

El hambre pudo más que la represión y, durante el “período especial”, de los años 90, los pescadores salieron a pescar en neumáticos de vehículos. Mas tarde,los neumáticos fueron sustituidos por rudimentarias embarcaciones de corcho -a las que llaman precisamente “corchos”-, que hacen la pesca más factible y menos riesgosa. Pero la represión no cesa, continúa ahora en oleadas intermitentes. Cuando la guardia costera realiza estas campañas de persecución detiene en el mar a estos pescadores y les confisca la pesca y los avíos, les rompe sus pequeños bote de corcho, y les impone severas multas. Los pescadores esconden sus corchos hasta que  se calma el vendaval, para luego, apremiados por la necesidad, volver hacerse a la mar.

Un pescador de Jaimanitas, llamado Mayito, alentado por la nueva ley que permite realizer algunos trabajos por cuenta propia, ha intentado crear un gremio de pescadores y obtener permiso del gobierno para pescar en corcho. Ha realizado numerosas gestiones ante el gobierno y la Asamblea del Poder Popular, pero no ha tenido éxito. Parece que el gobierno no quiere que le quiten sus pesces, que como toda la Isla, también cree que son de su propiedad exclusive. EL drama de los corcheros continúa.

Acerca del Autor

Francisco Chaviano González

Francisco Chaviano González

Francisco Chaviano González. Sagua la Grande, Villa Clara, 1973. Profesor de Matemática, disidente desde 1987, prisionero de conciencia. Cumplió dos condenas, de 1 año, en 1989, y 15 años en 1994. Presidió el Consejo Nacional por los Derechos Civiles en 1990 y Agenda para la Transición Cubana (portavoz en 2009 y 2011). Desde 2012 está exiliado en Estados Unidos.

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