El caso de los carteles polacos

El caso de los carteles polacos

Inevitablemente, reflejaban la historia polaca en ese período crucial, en que el país pasó por el nazismo y el terror estalinista

LA HABANA, Cuba, marzo (173.203.82.38) – En el capítulo Mentiras bien pagadas, de la serie Las razones de Cuba, para aderezar el destape de otro topo de Seguridad del Estado, el agente Robin, y documentar “la complicidad de diplomáticos europeos en tenebrosos planes contra el gobierno cubano urdidos por la CIA”, echan mano nada menos que a una exposición de carteles polacos que tuvo lugar en las ciudades de Pinar del Río y La Habana a comienzos del año 2000.

La muestra, subvencionada  por el Ministerio de Cultura y Patrimonio Nacional de Polonia, trajo a Cuba 40 carteles, provenientes del Museo de Wilanow, realizados entre los años 1944 y 1998.

Para la exposición se escogieron los carteles más destacados. Inevitablemente, reflejaban la historia polaca en ese período crucial en que el país pasó por el nazismo, el terror estalinista, la “democracia popular” al estilo soviético, las luchas del sindicato Solidaridad, la ley marcial y la transición democrática.

Era un reflejo objetivo, amplio y balanceado. Los carteles, del realismo socialista al pop art, pasando por el kitsh publicitario, hablaban por sí solos. Carteles de propaganda política sobre los planes quinquenales, la alianza obrero-campesina, los desfiles del primero de mayo, la fidelidad a la Unión Soviética, los aniversarios de la creación del POUP (Partido Obrero Unificado) y en contra de Radio Europa Libre. También había carteles de promoción del grupo de danza folklórica Mazowse, la línea aérea Lot, el Jazz Jamboree Festival, el concurso internacional de piano Chopin, la protección del medio ambiente, etc.

De los 40 carteles expuestos, más de la mitad nada tenían que ver con la política. Pero  había dos carteles del sindicato Solidaridad y otros siete que se podían considerar de una forma u otra, contestatarios o disidentes. Nueve en total frente a once carteles de la más burda propaganda comunista y pro-soviética, con títulos tales como: “Monstruo enano y esputado de la reacción”, “¡Atentos ante el enemigo!”, “Programa del Partido, programa de la Nación”, “La clase obrera, baluarte de la paz en el mundo”, entre otros.

Piense si no había equilibrio en la muestra. Si en algo se rompía, era por el carácter desmesuradamente laudatorio de la propaganda comunista. Recuerdo entre otros un cartel de los años 50 de una sonriente campesina cooperativista (pañuelo de cabeza anudado al estilo koljosiano, cómo no) que abrazaba con amor a una remolacha del tamaño de un niño.

La exposición, en su momento, provocó una pataleta oficial en el periódico Granma. Once años después todavía hablan de aquella muestra de carteles polacos como de una peligrosa agresión. Resulta patéticamente ridículo lo asustadizo que el régimen.

luicino2004@yahoo.com

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