El calvario de Harold

El calvario de Harold

Harold Brito pasó la mitad de su vida en prisión, y murió en circunstancias no aclaradas todavía

Harold Brito
Harold Brito

PUERTO PADRE, Cuba, diciembre (173.203.82.38) – Justo a las 8 de la noche del miércoles 21 de diciembre, quedó inaugurada una exposición de arte en la iglesia evangélica Los pinos nuevos, de esta ciudad.

Sobre lienzos, fibras, madera, piedra y cristal, más de una docena de obras son expuestas en ocasión de la Navidad.

Los autores expusieron, ante la iglesia abarrotada de público, su percepción artística del paso de Cristo entre nosotros, y de nuestro paso por los caminos de Jesús.

Entre las obras expuestas resaltó una acuarela (que recuerda a Picasso) sobre un tosco cartón de embalaje, representando una cruz latina entre colores, que van desde el negro mortuorio, en el que apenas se distingue un pasaje de Lucas 23, hasta un trozo verde esperanzador, en la parte superior del cruciferario.

Salvación, se titula la pintura, ante la que Salvador Dalí se hubiera detenido.

-No soy artista, y he tenido que presentar esta obra de Harold Brito, que ya no está entre nosotros, y representa el testimonio de su vida en el encuentro con Jesucristo –dijo el presentador.

Con lágrimas en los ojos, Rosario Parra (autora de una obra en exposición, de la cual se dijo: “Esta cinta que envuelve la cruz representa la alianza de todos los pueblos y todos los hombres”) observaba la escena. No había en su rostro expresión de odio. Sólo tristeza cuando dijo: “Esa pintura Harold la hizo en el cartón de la caja del ventilador que le llevé de regalo el día de su cumpleaños el año pasado”.

En circunstancias que aún no han sido aclaradas a su familia, Harold falleció el pasado 11 de febrero en la cárcel provincial de Las Tunas. Antonio y Rosario, padres de Harold, se presentaron en el Consejo de Estado para exigir que se esclareciera la muerte de su hijo, quien el pasado 21 de junio debió cumplir 39 años. Hasta la fecha no han recibido respuesta alguna.

“Nos encarcelan, nos desaparecen, nos humillan, nos ultrajan, y pienso que no hay palabras para explicar tanto crimen. Y las naciones, los gobiernos, y la humanidad, nada hacen para acabar con tanto dolor y tanto sufrimiento” –escribió Harold a este cronista antes de morir, en carta fechada el pasado 26 de enero.

El viacrucis de Harold  comenzó cuando tenía 13 años, y era considerado un chico malo por la policía política debido a su gusto por el rock. Fue acusado de diversionismo ideológico. Luego llovieron las condenas por desacato, resistencia, desobediencia, atentado, peligrosidad delictiva.

Al morir, Harold había pasado la mitad de su vida en la cárcel. Y no hizo nada diferente a lo que los indignados hacen hoy en cualquier ciudad del mundo.

El Consejo de Estado de Cuba debe una explicación sobre las circunstancias que condujeron a este joven a la muerte. Es algo puramente ajustado al Derecho. Desde el punto de vista ético, bien pueden ahorrarse las palabras, porque en la obra de Harold Brito, expuesta en la iglesia Los pinos nuevos, está el testimonio de su vida y su calvario.

Bien por ti, Harold; mal por los mendigos de la libertad.

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