El agujero negro del olvido

El agujero negro del olvido

Fidel Castro inspira lástima cuando se le ve desgarbado y balbuceante, con la osamenta dibujada bajo su chaqueta deportiva

LA HABANA, Cuba, octubre, 173.203.82.38 -Cuando el ex-oficial de las SS,  Klaus Barbie, conocido como el “carnicero de Lyon” fue juzgado por crímenes de guerra y contra la humanidad, ya era un anciano de 74 años que inspiraba lástima.

Fidel Castro exporta el mismo sentimiento cuando se le ve desgarbado, con la osamenta dibujada bajo su chaqueta deportiva y hablando con balbuceos; tal vez, esto motiva a los publicistas del Comité Central del Partido Comunista a utilizar la bondad de los trucajes fotográficos para amortiguar su omnipresencia.

Fidel, aquel joven estudiante universitario que esgrimiendo una taza de café con leche confesó a sus amigos que sus principales ambiciones eran “el poder y la fama”, se podrá marchar a  la tumba con el consuelo de haber cumplido sus propósitos; pero el culto a su personalidad cultivado durante 50 años de totalitarismo, está amenazado, a consecuencia de la formidable capacidad de olvido que tienen las masas.

Su nombre ni siquiera se escucha ya en las tertulias callejeras, ni en reuniones familiares. Incluso, en el barrio capitalino del Nuevo Vedado, donde residen una considerable porción de sus prosélitos más allegados y compañeros de armas; evidenciamos cuando transitamos por sus calles que, en las pancartas pro-régimen, las loas han sido desviadas a favor de su hermano Raúl.

Pero el ex-dictador de 85 años depuesto por peritaje médico, se resiste a ser tachado de las memorias e irrumpe cíclicamente con sus artículos “reflexiones”; cuyo objetivo manifiesto no es la cosmovisión, sino  tapar bocas de los que se atreven a susurrar su muerte.

Las exigencias de Castro por conservar el glamur, ha obligado a su entrevistadores a recurrir a recursos innovadores y en la  última entrevista, concedida a un enviado venezolano, trastocó la versión del “cine silente” por un “inanimado sonoro”, a manera de purgante televisivo que precisó a un considerable número de fidelistas a apagar el televisor o cambiar de canal.

Pero el apagón a la omnipresencia de Fidel Castro vendrá fulminantemente el día que se erija un edificio donde hoy perdura un derrumbe; un nuevo central azucarero sobre las ruinas de otro; haya trabajadores con derecho a la huelga y  salarios decorosos; exista el respeto a la propiedad y el libre mercado; prorrumpa la libertad de expresión y prensa; sean disueltas la Seguridad del Estado y las turbas de respuesta rápida; levanten las restricciones y los secuestrados en las isla tengan el derecho a viajar libremente; en fin, cuando se reinicie una Cuba democrática.

Desafortunadamente las ideas por las que vive y morirá Fidel Castro mantendrán partidarios, quienes lo  inmortalizarán a semejanza del lastimoso Klaus Barbie, cuyo modelo aún pervive en las  mentes de los cabezas rapadas.

Acerca del Autor

Pablo Pascual Méndez Piña

Pablo Pascual Méndez Piña

Pablo Pascual Méndez Piña. La Habana, 14 de mayo de 1956. En el año 1976 se graduó de técnico medio en sistemas eléctricos industriales. Comenzó a trabajar en el Ministerio de Minería, y matriculó en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría donde estudió un año. Fue llamado a filas para cumplir con el Servicio Militar General, transferido de inmediato al Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, donde trabajó como electricista. En 2005 comenzó a escribir y participó en un concurso de las bibliotecas independientes, donde obtuvo una mención.

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