Dos hallazgos culturales

Gracias a la casualidad, se recuperan importantes obras de arte

LA HABANA, Cuba, julio, 173.203.82.38 – Dos murales del pintor Domingo Ravenet Esquerdo (Valencia, España, 1905-Matanzas, Cuba, 1969), ignorados por cuarenta años, fueron descubiertos por una afortunada casualidad al desmontarse el falso techo de la Biblioteca Central de la Universidad  de La Habana.

Prometeo encadenado y Prometeo raptando el fuego, pinturas de 1945, quedaron ocultas en la década de 1970 al construirse el falso techo para mejorar la iluminación y acústica del salón.

Ana Ravenet Ramírez, hija y albacea del famoso pintor, dijo sentirse satisfecha porque el descubrimiento y labores de conservación de las pinturas de su padre favorecerán el rescate de uno de los más destacados pintores de la primera oleada vanguardista de Cuba.

Otro descubrimiento reciente en que también intervino la casualidad  corresponde al Séptimo Arte. El cineasta Enrique Pineda Barnet (La Bella del Alhambra, 1989) explica que, en 1963, Sandú Darié, cineasta cubano-rumano le comunicó por encargo de Alfredo Guevara, director del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), que podía disponer a su antojo de mil pies de película, regalo de la compañía ORWO, interesada en promover ventas al ICAIC.

“¡Tenía mil pies de película!  En aquel momento para cualquiera aquello era un tesoro! ” –dijo Pineda al periodista Eliecer Jiménez.

“Llamé a Jorge Haydú, camarógrafo húngaro que vivía en Cuba. Era un hombre experimentado, precursor del cine cubano que participó en El Mégano (de Julio García Espinosa, 1956). Le dije que tenía aquella joya para experimentar”. Buscó a Sandú, “otro loco con muchas ideas que nos abrió los brazos y enseñó todo lo que tenía de arte cinético en su casa: figuras abstractas pegadas a ventiladores, a platos de tocadiscos, a cualquier cosa que se moviera, y filmamos distintos fragmentos de todo aquello.”

Nacía Cosmorama. Unos ochocientos pies de película, cinco minutos de proyección y destino inseguro.

El filme lo conformaba un poema abstracto de Pineda montado por el editor Roberto Bravo, música de Henry Sheafer y Bela Bartok y notas de Carlos Fariñas. La banda sonora, de Germinal Hernández.

“Empezamos a buscar sonidos muy intensos: el  Sena, calles de París, Roma, de distintos lugares del mundo hasta terminar en La Habana. Recalqué sobre todo que quería que predominara una atmósfera acuática porque veía que aquellas imágenes tenían que ver con mar, con puerto y el poema estaba escrito a voces. Pedí a Roberto Bravo hacer catorce bandas sonoras y él me respondió: “Esto es una locura, catorce pistas sonoras nadie las va a oír”. Sabía que era arriesgado, pero yo quería catorce pistas incluyendo la música”.

“Pudimos lograr que Cosmorama se exhibiera en los cines de Cinemateca, Capri y La Rampa. Algunos escribieron sobre el suceso, más bien cronistas de arte que de cine. Una copia fue regalada a Norman McLaren, relevante cineasta canadiense de experimentación fílmica”.

Nunca más se supo de Cosmorama. Se creyó perdido definitivamente.

Una llamada del Museo Reina Sofía, de Madrid, conmovió a Pineda Barnet. ¡Le pedían Cosmorama! Pero, ¿existía el corto?

Pedro Beltrán, con memoria de elefante, fundador del Archivo ICAIC, dijo: “Sé dónde encontrar Cosmorama”.

El sagaz empleado rebuscó y sacó una lata de película oxidada con la etiqueta ilegible. La abrió cuidadosamente. Apareció algo enigmático: un sobre de celofán con algo dentro

“Era el máster de Cosmorama. No hubo que restaurarlo, estaba intacto dentro del paquete de espaguetis” -asegura Pineda.

Cosmorama, filme patrimonial de Cuba, precursor de la fusión de arte y video, abrió el camino del mundo en esa expresión vanguardista  contemporánea.

Pineda Barnet recomienda: “¡Es bueno guardar películas en sobres de espaguetis!”

cosanoalen@yahoo.com

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