Divorcio en Cuba: causas y consecuencias

Divorcio en Cuba: causas y consecuencias

El divorcio, como todos lo demás, sufre en la Isla los efectos que impone el poder político

LA HABANA, Cuba, enero, 173.203.82.38 -Una camagüeyana pidió una aclaración a la sección de consultas jurídicas de la emisión matinal del informativo del canal 2 de la televisión. Ella quería informarse acerca de la situación que enfrenta con su ex marido, quien pretende tener derecho a la mitad de la casa de la que ella es propietaria. La respuesta dejó sin derecho al reclamante.

En todas partes numerosos casos de divorcio terminan en litigios por la casa. Y si tenemos en cuenta que Cuba cuenta con el mayor índice de divorcios en Latinoamérica, unido a una escasez enorme y creciente de viviendas, ya podrá tenerse una idea de la magnitud del problema.

Cuba fue el primer país latinoamericano en aprobar una ley de divorcio. Eso ocurrió en el año 1918, aunque ya en 1903 se había presentado en la Cámara de Representantes un proyecto que no fue aprobado. El hecho bien puede compararse con países como Francia y Estados Unidos.

La campaña fue decidida por la crítica de un número importante de ciudadanos, encabezados por reconocidos intelectuales cubanos y por el movimiento feminista, en desacuerdo con el concepto de matrimonio que subordinaba a la mujer como si fuera una propiedad de su esposo.

A tal punto era perjudicial para la mujer este desamparo legal, que algunos hombres se arrogaban el derecho de asesinar a su esposa por el delito de infidelidad, y como castigo solamente recibían una pena de destierro.

Entre 1970 y 2009 el índice de los divorcios en la isla se ha triplicado, según el Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana. Pero fue en 1963 cuando se sobrepasaron por primera vez los valores ínfimos que marcaban desde que se aprobó la referida ley.

Si en 1970 la proporción era de 22 divorcios por cada 100 matrimonios, subió a 39 en 1981, y alcanzó 64 por cada 100 matrimonios en 2009, cuando hubo 35, 034 sentencias firmes, según datos del Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la Oficina Nacional de Estadísticas.

En general, el promedio de duración de los matrimonios arroja un período entre 10-15 años, para un 35 % de la población cubana que es casada, según los datos de la ONE.

Realmente para los cubanos es muy fácil divorciarse. Basta que uno o ambos cónyuges acudan a una notaría y lo pidan. El divorcio cuesta 100 pesos en moneda nacional (5 dólares), y para obtenerlo hay que presentar la certificación de matrimonio, una de nacimiento de los hijos menores de edad, si existen, y el título de propiedad de la vivienda, únicamente cuando los cónyuges la hayan adquirido en común.

Múltiples son las causas que propician la disolución de los matrimonios cubanos. Primeramente, muchas parejas se casan muy jóvenes. Abandonan los estudios, y cuando tienen hijos se agravan los sempiternos problemas económicos. Además, la mayoría de los recién casados pasa a formar parte de la familia extendida de uno de los conyugues, agrupada en una vivienda en la que conviven hacinadas hasta tres o cuatro generaciones, lo que promueve conflictos familiares.

Aumentan también las contradicciones entre las necesidades individuales y las de la pareja y la familia, en lo que respecta al consumo. En un país donde el sueldo de un profesional universitario no sobrepasa un dólar diario, el dinero no alcanzan ni para resolver las necesidades básicas de los individuos, y se reduce el nivel de vida.

Asimismo, pesan las influencias de terceras personas que conviven con el matrimonio, como los suegros, a las que se suman frecuentemente la drogadicción, el alcoholismo y otros males que crecientemente azotan a nuestra sociedad.

No debe soslayarse el hecho de que hace tiempo el matrimonio dejó de ser la vía única para legitimar la paternidad. Y la visión del mismo como un contrato de índole económica también se transformó, al no ser mediada por valores mercantiles dada la generalizada pobreza y la casi absoluta falta de bienes materiales y posesiones de los cubanos, aunque existe la transmisión hereditaria en el caso de la vivienda. Pesan igualmente las redefiniciones que los roles de padre y madre han tenido en los últimos años dentro de la familia cubana; al igual que la desintegración de la familia en general debido a fenómenos como la emigración y el distanciamiento forzoso de los hijos, enviados a escuelas en el campo alejadas del hogar durante años.

Todo esto hace que el análisis de las causas y consecuencias del divorcio en Cuba resulte muy complejo. Una complejidad que se debe, en gran medida, al efecto pernicioso del poder político dentro del seno de la familia durante el último medio siglo, fenómeno que no existe en otros países.

Lucas Garve

Lucas Garve. La Habana, 1951 Periodista, escritor y profesor de francés. Director de la Fundación para la Libertad de Expresión.Colaborador de Cubanet desde 1996
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