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Del dicho al hecho

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LA HABANA, Cuba, junio (173.203.82.38) – El Presidente Raúl Castro,  en una entrevista brindada a la prensa cuando visitó Brasil en diciembre de 2008, expresó: “Hay que respetar las opiniones de todos, hay que acostumbrarse a vivir en pluralidad”; y agregó, entre otras planteamientos contrarios a la intolerancia: “El mundo sería muy aburrido si todos tuviéramos que pensar igual de todo. La diferencia es una virtud, lo que hay es que saber llevar las discrepancias con altura, respetando a los demás”.

Esta opinión, que pudiera suscribir cualquier demócrata, ha sido reiterada por el  Presidente en distintas ocasiones y escenarios. Así, con motivo de su participación en el Congreso de la Unión de Escritores y Artistas  de Cuba (UNEAC), en abril de 2008, manifestó: “Fue un gran Congreso con mucha discusión; con algunas opiniones estoy totalmente de acuerdo; con otras, con la misma sinceridad, les digo que no estoy de acuerdo; pero para eso luchamos, para esa diversidad de opiniones. Ustedes me han escuchado decir que de las mayores discrepancias saldrán las mejores decisiones”.

Lamentablemente, todos esos pronunciamientos no se han concretado en la práctica.  Incluso, últimamente, se observa un giro hacia posiciones más intolerantes y represivas.  El propio General, en su informe central al VI Congreso del Partido Comunista, volvió a amenazar a las  personas que de forma pacífica y constructiva defendemos el derecho de los cubanos a opinar y buscar soluciones al complicado panorama nacional, provocado, a su vez, por el desgobierno de personajes intolerantes que durante años  se han considerado dueños de Cuba.

También llamó a la defensa de una revolución que en realidad ha sido  involución, arengando a  turbas, compuestas  también por lumpen , para perseguir en plazas y calles a ciudadanos cívicos y dignos, con la absurda  pretensión de que todos los espacios pertenecen a supuestos revolucionarios.

Paralelamente a esas contradicciones del Presidente, han sucedido hechos represivos, como las presiones que desembocaron en la expulsión del pintor Pedro Pablo Oliva como delegado a la Asamblea Provincial del Poder Popular de Pinar del Río y el cierre de su casa-taller. Ese prominente artista recibió la Distinción por la Cultura Nacional en 1987 y la Medalla Alejo Carpentier en 1994, ambas otorgadas por el Consejo de Estado, así como el Premio Nacional de Artes Plásticas concedido por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas y el Ministerio de Cultura en 2006, y el Premio Maestro de Juventudes, de la Asociación Hermanos Sainz en 2007. Fue elegido miembro del Consejo Nacional de la Unión de Escritores y Artistas (UNEAC) en el último congreso efectuado en abril de 2008. Por cierto, esta institución -al igual que la lacayuna prensa oficial- no ha hecho ningún pronunciamiento de denuncia a esta arbitrariedad.

También se ha reforzado la represión y las condenas a varios años de prisión a los opositores pacíficos y se está expulsando de los centros de estudio a jóvenes solamente por pretender expresarse. Son los casos de los hermanos Marcos Maikel y Antonio Michel Lima Cruz, sentenciados a 3 y 2 años de cárcel respectivamente en Holguín, el 25 de mayo; y de 4 personas acusadas de desacato y desorden público; 3 condenadas a 5 años de prisión y uno a 3 años, en La Habana,  el 31 de mayo. Además, Henry Constantín, licenciado en bioquímica, resultó expulsado de la carrera de comunicación audiovisual, de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisuales.

La situación es sumamente preocupante y lleva a pensar en la posibilidad de retorno a las épocas más oscuras de la última década.  Por ese camino, el gobierno de Raúl Castro perderá el reconocimiento obtenido por la liberación de prisioneros de conciencia y otros en 2010.  Quizás la motivación de esa deplorable actuación sea el miedo a que en Cuba se reproduzcan las situaciones recientes de los países árabes.

También es posible que sean gestos para apaciguar las presiones de los sectores más duros del régimen.  Pero resulta evidente  que por ese camino se vierte combustible al enorme disgusto existente en el país.  Lo que menos se necesita en estos momentos es tensar más los ánimos, ya bastante caldeados  por el constante  deterioro económico-social que parece no tener fin.

Estas medidas profundizarán el aislamiento del país y alejarán las  inversiones que son indispensables para que Cuba pueda recuperarse y salir del abismo al que fue lanzada por la incompetencia de algunos que todavía se auto titulan revolucionarios. Parece que hay quienes no desean comprender lo que está sucediendo en el mundo, cuando los pueblos se levantan en busca de libertad, democracia y justicia social; cuando desenmascarados  tiranos y genocidas  son derrocados y llevados  a los tribunales.

Cuba no necesita más represión, sino  el reconocimiento del fracaso de un régimen que ha llevado el país al desastre y el coraje para  reparar los colosales daños causados.