De las huelgas de hambre

De las huelgas de hambre

Parece bastante desesperado que ante cada arbitrariedad y atropello del régimen, vayamos a hacer una huelga de hambre

LA HABANA, Cuba, diciembre (173.203.82.38) – José Alberto Álvarez y Moisés Leonardo Rodríguez, periodistas independientes, se declararon en huelga de hambre el pasado 3 de diciembre, porque Seguridad del Estado les impidió continuar las conferencias sobre periodismo y derechos humanos que impartían a un grupo de opositores.

Ambos rondan los 60 años. En el caso de José Alberto, es un hombre bastante delgado. A finales de la pasada semana, los colegas abandonaron la huelga, y todos nos hacemos la misma pregunta. ¿Vale la pena que dos hombres inteligentes y con proyectos interesantes arriesguen su vida en una protesta tan extrema?

Los cursos, conferencias, academias y otros proyectos de este tipo de la sociedad civil, aunque necesarios, generalmente han provocado consecuencias represivas que no se corresponden con sus resultados (la academia de blogueros de Yoani Sánchez es una excepción). En el año 2002, el acoso policial sólo permitió que  sesionaran a duras penas un par de veces los cursos de periodismo de la Sociedad Márquez Sterling. Sin embargo, conozco  casos de periodistas que con su asesoría sistemática han conseguido formar a varios colegas más jóvenes. Primavera Digital es una muestra de ello.

Me pregunto, ¿no será mejor buscar formas más discretas, flexibles y menos costosas en términos represivos, de llevar adelante estos proyectos de capacitación?

Parece bastante desesperado que ante cada arbitrariedad y atropello del régimen, vayamos a hacer una huelga de hambre, que en el mejor de los casos, dejará secuelas irreversibles en la salud.

En lo personal, estoy en contra de absolutamente todo lo que atente contra la vida humana, el más preciado de los dones divinos. Se lo he dicho muchas veces a mi amigo Coco Fariñas. Por solidaridad, no queda otra opción que apoyar a nuestros compañeros en huelga de hambre, pero no por ello renuncio a  decir que me aterra la idea de que puedan morir más hermanos valiosos. Que considero absurdo que, para oponerse a las arbitrariedades de un régimen  intransigentemente ridículo, no haya más remedio que emular en drama con los bonzos que ardían en las calles de Saigón en los años 60.

En los casos de los presos, totalmente desamparados frente a una maquinaria monstruosa que tritura hasta el último átomo de humanidad, la huelga de hambre puede ser un recurso extremo para hacerse escuchar por los cancerberos.  Pero un disidente en libertad, aun en la precaria libertad que permite la vigilancia y el acoso de la policía política, tiene muchas más opciones para hacerse sentir.

Con tanto recurrir a las huelgas de hambre puede que consigamos banalizarlas y que llegue el momento que el mundo se resigne a aceptar la muerte de presos y opositores en Cuba como algo tan “natural” como los muertos por los tifones en Bangla Desh o por el hambre y las enfermedades en el África Sub-Sahariana.

Alguien dijo una vez que lo más importante en el triunfo de las ideas no es morir por ellas, sino haberlas logrado y sobrevivir.

El martirologio de Orlando Zapata Tamayo no debe repetirse. Ya es hora de que los cubanos nos sacudamos del daño psicológico que nos ha hecho la reiteración durante demasiado tiempo de los himnos guerreros y las consignas terminadas en muerte. Es tiempo de reclamar, no sólo por la Patria y la Libertad, sino también por la Vida.

luicino2004@yahoo.com

[fbcomments]