Cuba: Educación y empleo. Opciones y frustraciones

Los jóvenes cubanos que quieren acceder a la Universidad ven muy limitadas su opciones, por razones políticas

PUERTO PADRE, Cuba, mayo, 173.203.82.38 – La última frustración la recibieron estudiantes de aquí temprano en la mañana del pasado viernes.

Los chicos aguardaban expectantes. Recién habían concluido el Bachillerato y vencido los exámenes de ingreso a la universidad.

Les habían dado la opción de solicitar diez carreras universitarias. Muy formalmente las autoridades habían hecho que los estudiantes, asistidos por sus padres, firmaran boletas donde, en orden de opción y con cifras codificadoras, aparecían las especialidades que se ofrecían.

Sólo quedaba esperar por la Comisión Provincial de Ingresos para que en orden de prioridad y de acuerdo con el rendimiento académico, les fueran otorgadas algunas de aquellas carreras anunciadas por el periódico Juventud Rebelde en concordancia con las necesidades específicas de cada provincia, según el entonces Ministro de  Educación Superior y hoy vicepresidente del Consejo de Ministros Miguel Díaz-Canel.

Pero en lugar del anuncio de las carreras otorgadas, a no pocos estudiantes les llegó una mala noticia: Ninguna de las especialidades solicitadas les había sido concedida.

Junto a sus padres debían estar a las 7 de la mañana en la Dirección Municipal de Educación el lunes 4 de junio para conducirlos en un ómnibus escolar a la sede universitaria donde se les harían otras propuestas.

A la hora y fecha convenida no había capacidad de transportación para los padres, quienes apresuradamente debieron viajar como se viaja en Cuba: como sardinas enlatadas.

En la universidad, los estudiantes -que habían dedicado 12 de sus 17 años a cumplir con cuanta tarea política se les encomendó, coreando “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”- comprendieron que en Cuba no se accede a una carrera universitaria solo con un excelente rendimiento escolar si no se posee un aval político e ideológico óptimo. Allí recibieron otra mala noticia: Solo podían optar por carreras pedagógicas.

En silencio unos e iracundos otros, pronunciando o mascullando frases en franco disentimiento político, en protesta, la mayoría de los estudiantes se puso de pie y abandonó el teatro universitario, donde quedaron sus padres.

En honor a la verdad, el trance por el que pasaron los funcionarios de la universidad fue difícil.

Un padre dijo al asesor de la Rectora a cargo de la Comisión de Ingreso que, en el caso de su hijo, consideraba que habían actuado de mala fe al violar los términos establecidos.

“Usted tiene razón para sentirse como se siente y yo en su lugar me quejaría”,  dijo el funcionario.

Pero, jurídicamente hablando, el asunto es de fondo.

El problema trasciende el presente curso escolar, donde mas de 100 bachilleres -solo en Las Tunas y a ese nivel, sin contar otras enseñanzas-, no podrán estudiar las profesiones de su elección. Como resultado, unos serán conducidos a la marginalidad y, por consiguiente,  a la proclividad delictiva. Otros optarán por la economía informal, eufemísticamente ahora ponderada como trabajo “por cuenta propia”, que de “propio” poco posee porque, al no contar con un mercado mayorista de donde proveerse, depende en la mayoría de los casos  del mercado negro, valga decir del delito.

El resultado es mucho peor: llevan a los jóvenes a estudiar carreras que no ejercerán pues no fueron elegidas sino impuestas, y en el supuesto caso de ejercerlas lo harán de forma mediocre, cuando no deficiente al no estar aptos emocionalmente para su ejercicio.

Esto, sin contar que las carreras que se les ofrecen no se corresponden con las necesidades socioeconómicas de los territorios, como ampliamente está anunciando la prensa oficial.

Baste este ejemplo:

Las Tunas es una provincia deforestada.  Mientras que el promedio nacional arbolado es de 26 por ciento, solo el 14,7 por ciento del territorio tunero está cubierto por árboles. Aun así, mientras que en este curso la universidad ofrece más de 900 plazas para carreras pedagógicas, solo tres estudiantes podrán formarse como Ingenieros Forestales en una provincia con alrededor de 10,000 hectáreas plagadas de marabú que pudieran convertirse en bosques maderables si se pretende reforestar.

Según fuentes oficiales, en 34 años, en Las Tunas apenas si se han graduados poco más de 1,000 ingenieros  agrónomos.

La cifra es insignificante para una provincia con economía eminentemente agropecuaria.  Pero todavía así el número de ingenieros agrónomos en Las Tunas es más irrisorio cuando se busca y apenas si se encuentran a estos profesionales ejerciendo la carrera.

“Estamos endeudados y este mes no tenemos con qué pagar a los trabajadores”, nos dijo un agrónomo administrador de una cooperativa; por cierto, el único que hoy ejerce su profesión tras graduarse junto a más de 25 estudiantes.

En Cuba se exige al obrero agrícola y al campesino que produzcan alimentos en condiciones desventajosas, tan rayanas en la indigencia que semejan relaciones señor feudal-ciervo.  De ahí el estigma de la profesión del agrónomo.

Pero otro tanto puede decirse de los maestros o de los médicos.

Uno de los mejores profesores de Matemáticas de esta provincia, hasta hace poco vivió con su esposa e hijos emparedado en un cuartucho en el que debía caminar de costado. Y cierto cirujano, luego de pasar horas en el quirófano, sorbía un caldo de chícharos cual si fuera un elixir de los dioses.

Solo algunos que pertenecen a las instituciones armadas, o la nomenclatura, o los nuevos ricos provenientes de las artes, el deporte o el delito, pueden respirar como seres humanos en Cuba.

Así va Cuba, cerrando puertas en las universidades de la nación mientras simula abrirlas.

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