Cuando no hay pan, casabe

Cuando no hay pan, casabe

Por su escasez, fabrican artesanalmente medicina indispensable para operados de cataratas y trasplantes de córneas

LA HABANA, Cuba, agosto, 173.203.82.38 -Los cubanos, curtidos en más de medio siglo de crisis económica, le han encontrado un sucedáneo a casi todos los productos de primera necesidad que no tienen a su alcance. Esta es una realidad de la que no escapa ni nuestro sacrosanto sistema de salud.

El cloruro de sodio hipertónico, en colirio y en ungüento, están en falta desde hace algún tiempo. Son medicamentos indispensables en los pacientes operados de cataratas, y sobre todo, en los pacientes a los que se les ha realizado una queratoplastia (trasplante de córnea).

No se despachan en las farmacias de los barrios. Se encuentran casi exclusivamente en la farmacia del hospital habanero Pando Ferrer, centro especializado en cirugías oftalmológicas, y en algunos hospitales donde se hacen algunos tipos de estas cirugías, como en el hospital Clínico Quirúrgico de 10 de Octubre, y el hospital Hermanos Ameijeiras

En  estos  hospitales se puede fabricar manualmente un sucedáneo del cloruro de sodio hipertónico, en colirio, para proveer a las amistades de los empleados, cuando el original escasea. Edita, enfermera del Clínico Quirúrgico de 10 de octubre, dice que no es difícil fabricarlo en forma manual, pues tres de los ingredientes del mismo se pueden conseguir con mayor facilidad por separado.

Ella afirma que el Cloruro de Sodio Hipertónico, en su versión colirio, contiene, entre  otros ingredientes, cloruro de sodio, cloruro de benzalconio y agua destilada. Para la fabricación manual del cloruro de sodio hipertónico, se extrae un poco de cloruro de sodio de una bolsa, un poco de cloruro de benzalconio de un frasco en su versión colirio, y una ampolleta de agua para inyección.

Se ligan a ojo de buen cubero los tres ingredientes, y ya se obtiene el colirio de marras. El inconveniente está en la inexactitud de las medidas para la mezcla, pues todo esto es un proceso artesanal en el que resulta muy difícil ser exacto.

Se dan entonces casos como el de Julio, un anciano de 70 años de edad, operado de cataratas en los dos ojos, y trasplantado de córnea en el ojo izquierdo. De este ojo no ve casi nada, pues tanto la operación de cataratas como el trasplante no tuvieron el éxito esperado.

Ante la falta del medicamento, Julio acudió a una amiga enfermera. Ella le “resolvió” un frasco hecho por ella misma, pero al parecer se le fue la mano con el cloruro de sodio, y Julio, cada vez que se echa las gotas en los ojos, se queja de mucho ardor.

No obstante, ha tenido que acudir a este riesgoso remedio en varias ocasiones. Y aunque ha resuelto en parte el problema de la falta del medicamento, aún le queda el ardor en los ojos, un peligroso recordatorio de que el casabe nunca va a saber a pan.

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