Cosa de mongólicos

Habaneros que no conocen a candidatos a diputados por su circunscripción, declinan perder tiempo hablando sobre el tema

LA HABANA, Cuba, enero, 173.203.82.38 -En la calle Línea, entre 12 y 14, en el Vedado, existe un muro donde se sienta a diario un grupo de tertulianos. En sus conversaciones abordan diversos temas, entre ellos, experiencias personales, noticias, tanto de la prensa oficialista como de Radio Martí y El Nuevo Herald. Igualmente debaten libros y revistas, comentan sobre los precios en los agro-mercados y las shopping, discuten sobre el baseball nacional y de las Grandes Ligas, o revelan algunas comidillas extraoficiales llegadas a sus oídos.

Hace pocos días, me sumé a la tertulia y les pregunté si conocían a José Luis Toledo Santander, Regla García Henry, Paula Durruty Cordíez, Yenny Norcedo Soca y José Enrique Oliva Martín. Los tertulianos levantaron los hombros,  extrañados, hicieron muecas, se miraron entre ellos, y uno preguntó: ¿Quiénes son esos?

Respondí que eran los candidatos a diputados por nuestra circunscripción, cuyas biografías estaban pegadas en la vidriera de la farmacia. Inmediatamente sobrevinieron murmullos, chasquidos de lenguas y alguna que otro carcajada. Era una reacción lógica, porque, según me dijo uno de ellos, hablar del proceso electoral cubano y de los diputados que representarán a nuestro barrio en la Asamblea Nacional, sólo podría ser un tema de conversación para mongólicos.

A pesar de las burlas del grupo, insistí. Les pregunté si alguien vio a estos candidatos llegar al barrio y estrechar las manos de sus electores. Igualmente indagué si alguien los ha visto interesarse por los apremiantes problemas que tiene la comunidad, por ejemplo, la negativa oficial de instalar teléfonos en “la zona congelada”, las casas amenazadas por derrumbes, los atracos de los corruptos del Instituto Nacional de la Vivienda, los problemas con el alumbrado vial, los derrames albañales, la mala calidad del pan, el robo mediante las básculas de carnicerías y agro-mercados, el drama del transporte público, las carencias de medicinas en el policlínico, los bajos sueldos, la dualidad monetaria. ¿Alguien les había oído explicar cuáles serían sus estrategias para resolver estos problemas?

Mis interlocutores me miraron como si yo estuviera borracho, pero les revelé que sólo intentaba escribir un artículo sobre el tema. Y esa fue la única razón por la cual accedieron a conversar sobre el asunto.

“Este país está patas arriba, estamos en la ruina, y nuestro sistema político es un desastre, que más calamidad tú quieres”. Así rompió el fuego Barnabé, de 65 años, quien también me indicó que en 54 años éste régimen sólo ha logrado una de las metas que se propuso desde el principio: “convertirnos en carneros.”

Fernando, un ingeniero de 58 años, dijo que los diputados son máquinas de votar a favor: “Hasta el día de hoy, no conozco un diputado que haya votado en contra de alguna propuesta de la élite. Pronto esa gente aprobará una ley para que paguemos más impuestos, nos convertirán en contribuyentes forzosos, sin mejorar para nada nuestras vidas. Ni siquiera tendremos el derecho de votar por un presidente o gobierno, como hacen en los países democráticos”

“Entonces ¿para qué van a votar?”—preguntó Juan―”Qué resolveremos con no hacerlo”—respondió Carlos―. “Aunque me parezca una estupidez, yo dibujaré una D en la boleta, como dicen por Radio Martí”, concluyó Felipe. Y todos rieron.

Me di cuenta de que mis interlocutores no querían seguir hablando sobre el tema. Entonces les propuse hablar sobre el juego de pelota entre Industriales y Pinar del Rio, porque, después de todo, el primer tertuliano que habló fue quien dijo la última palabra: hablar sobre el proceso eleccionario cubano, ciertamente parece cosa de mongólicos.

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