Contrarevolucionario

Contrarevolucionario

Conozco dos casos singulares de individuos que cumplen largas condenas relacionadas con el concepto de contrarrevolución

LA HABANA, Cuba, abril (173.203.82.38) – Posiblemente  contrarrevolucionario  sea la  palabra más temida en el vocabulario  cubano  de los últimos 50 años, porque puede cerrar  todos los caminos, llevarte a la celda o a la tumba.

Disentir, hasta en lo más mínimo, te encasilla. O  te vas  del país o  enfrentas al régimen en la vida  cotidiana. El   Código Penal es pródigo en artículos para encausar cualquier acción que se les ocurra calificar como traición a la patria, actividades contra la seguridad del Estado, propaganda enemiga.

Incluso los delincuentes comunes llegaron a ser considerados contrarrevolucionarios. Aún corre la voz  por las oficinas del Estado y en los carteles de propaganda puede aun leerse: “El chanchullo  y el chisme son  formas de hacer contrarrevolución”.

Conozco dos casos  singulares de individuos que cumplen largas  condenas relacionadas con el concepto de contrarrevolución. Uno se llama Catano,  el guajiro de Puriales; el otro es  Sosa, un ex conductor del transporte serrano que cubre el trayecto Guantánamo-Bayate.

Catano vivía en el valle de Caujerí con su familia, y criaba vacas, propiedad del Estado, a las que  alimentaba y cuidaba de los cacos.

Catano, de pronto, se sintió explotado, y un día que no tenía con qué alimentar a su prole, despeñó una vaca por un  risco, para simular un accidente, a sabiendas de que le correspondería un tercio del animal. La empresa trajo a sus peritos, que dictaminaron que se trataba de un sabotaje contrarrevolucionario. El hombre fue sancionado a quince  años.

El caso de Sosa, el conductor, fue más ingrato. Una tarde, al finalizar un  viaje, cuando los pasajeros bajaron del camión, Sosa realizo su requisa  habitual  por los asientos, en los que siempre  encontraba algo. Esta vez fue  un maletín lleno  de cannabis, abandonado por un  traficante asustado en uno  de los puntos de control que se encuentran en la ruta.  Entusiasmado con  el hallazgo, Sosa tomó el maletín  y fue directamente a la dirección a pedir la baja del centro de trabajo. Además, entregó el carné del partido comunista y su cargo  de  secretario  del sindicato.

Al administrador  le pareció extraño el repentino cambio ideológico del conductor y lo informó rápidamente a Seguridad del Estado. Sosa recibió de inmediato la visita de dos agentes, que lo  sorprendieron embriagado con la hierba, con el maletín entre las piernas y sacando cuentas millonarias. Fue sentenciado a veinticinco años.

Frank Correa

Frank Correa, Guantánamo, 1963. Narrador, poeta y periodista independiente. Ha ganado los concursos de cuento Regino E. Boti, Ernest Hemingway y Tomás Savigñón, todos en 1991. Ha publicado el libro de cuentos La elección

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