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Jueves, 29 de septiembre 2016

Buscando culpables

Su procedencia de otra provincia del país, exigía que la tramitación se realizara según lo dispuesto en el decreto 217/97

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LA HABANA, Cuba, diciembre (173.203.82.38) – El cielo y la tierra se unieron para Danay, cuando Lester, su ex esposo, le confesó que no la quería. Lo intento todo por salvar su matrimonio de 10 meses. La  joven, hasta ayer cristiana, perdió la fe en Dios y en los hombres. Hoy, busca al culpable que la hizo sentir como un objeto.

Danay de la Caridad González  tiene 17 años. Sus padres la formaron en los dogmas del protestantismo. Actualmente reside en Mantilla, un barrio marginal del municipio Arroyo Naranjo, el más pobre de Ciudad de la Habana.

Lester Martínez tiene 23 años, es oriundo de Palma Soriano, Santiago de Cuba, y lleva 3 viviendo ilegalmente en la capital. La mayor prueba de amor para ella, fue que él se convirtiera a su religión, a pesar de que Danay no es una belleza de calendario, y de su cuerpo enclenque que la delata como hija legítima del período especial.

Dios los juntó a través de una ceremonia sencilla, ante el altar y los feligreses de su iglesia. Vivieron en la casa de los padres de la muchacha, una vivienda construida en los terrenos de lo que fue un basurero. A pocos metros de allí corre un riachuelo de aguas albañales. Las autoridades declararon insalubre la zona.

Solo faltaba, conforme a la ley de Dios y de los hombres, legalizar la situación de Lester en la capital. Su procedencia de otra provincia exigía que la tramitación se realizara según lo dispuesto en el decreto 217/97, conocido como Regulaciones Migratorias para Ciudad de la Habana.

Pero había un detalle con el que no contaban los jóvenes esposos. Según las disposiciones del decreto, las autoridades locales no reconocen el domicilio con carácter permanente, cuando la vivienda se encuentra en una zona declarada insalubre. El amor incondicional de Danay  no pudo evitar que Lester pusiera fin a la relación, no se sabe si porque lo quiso Dios o las disposiciones del decreto 217/97.

“¿Por qué se casó conmigo?” –se pregunta Danay.

El joven llegó a la capital en busca de una vida mejor. Sin embargo, no pudo reunir consiguió los 150 pesos convertibles (18 dólares) que le cobran por oficializar el cambio de dirección y, por ende, no ha podido continuar sus estudios ni trabajar legalmente.

Lester estaba cansado de vivir como un gitano, de aquí para allá, y evitando las multas estipuladas en el decreto. Pasaba tres meses en Bejucal, en casa de un amigo, y otros tres en Mantilla, con los primos que se asentaron en La Habana, la ciudad que no ha podido conocer ni disfrutar, pues trata de no salir por temor a que la policía lo identifique como indocumentado y lo deporte hacia su lugar de origen.

“Nada justifica el engaño –pensó Danay-. ¿Dónde estabas, Dios, que no me libraste de esta decepción? ¿Por qué  permitiste que me utilizaran de esa manera? ¿Cómo era la cosa? ¿Hasta que la muerte nos separe o hasta que te diste cuenta que no podías cambiarte de dirección? ¡Qué pena, Lester, qué pena contigo!”.

Lester, a pesar de la culpa, aprendió que no bastaba casarse con una residente en la capital para quedarse aquí, pero se niega a regresar a su provincia. En lo adelante, tendrá en cuenta que su próxima esposa viva lejos de lugares insalubres, y su vivienda tenga las condiciones mínimas exigidas por las regulaciones, que se traducen en más de 25 metros cuadrados de superficie habitable, y 10 para cada conviviente.

Danay se siente víctima de todos, menos de los que pusieron en vigor al Decreto 217/97, que convierte ilegales a los cubano en su propio país.

Acerca del Autor

Laritza Diversent
Laritza Diversent

Laritza Diversent, La Habana, 1980. Abogada, graduada en 2007, año en que se inició en la prensa independiente. El blog Juriconsulto de Cuba, fundado por ella, está dedicado al análisis de la realidad político-jurídica de la Isla. También es fundadora de la Asociación Jurídica Cubana.

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