Ampliación de internet abre brecha digital

Ampliación de internet abre brecha digital

Gobierno cubano no puede hacer otra cosa que ceder milímetro a milímetro

LA HABANA, Cuba, mayo, 173.203.82.38 –  En la edición del martes 28 de mayo, el periódico Juventud Rebelde anunció, en un artículo a dos páginas: “Cuba amplía el servicio público de acceso a Internet”, añadiendo que “a partir del próximo 4 de junio se extenderá el acceso a Internet desde 118 salas de navegación en todo el país” y reconociendo además que el cable de fibra óptica entre Cuba y Venezuela se encuentra en pleno funcionamiento.

Si a una persona que quisiera llegar a determinado sitio lo más pronto posible le dijeran que, en vez de mil kilómetros, le faltan novecientos noventa y nueve, no se entristecería, pero tampoco tendría mucho que celebrar, porque esos novecientos noventa y nueve kilómetros pueden demorar muchísimo y resultar demasiado difíciles.

El gobierno cubano, resuelto a mejorar su imagen en el mundo, sigue haciendo supuestas reformas que no son más que levantar prohibiciones de cuartel y regresarle al pueblo derechos que tenía negados desde 1959, como comprar o vender su casa o su automóvil, adquirir en una tienda un equipo electrónico y minucias así. A nadie se le ocurre que, si antes de 1959 hubieran existido las computadoras personales, los teléfonos celulares e Internet, Cuba habría sido uno de los últimos países del mundo —no de América, por supuesto— en permitirle a su población el derecho a ellos.

Tampoco sería concebible que el precio de esos artículos y servicios fuera exorbitante y, además, cobrado en una moneda en la que no se le paga a los trabajadores. Por no hablar del monopolio de ETECSA, del bloqueo arbitrario de cuentas telefónicas y de la fuerte censura a la información en la Red de Redes.

Pero el cinismo del gobierno cubano está sobre todo en que utiliza, para su propaganda poderosísima y sin límites éticos, todo lo que le parecen defectos de la sociedad capitalista y de los países que no son sus aliados. Y así habla de violencia policial contra pacíficos ciudadanos que protestan, contra opositores políticos, contra periodistas independientes; de injusticias legales, de abusos económicos, de elecciones dudosas, de prácticas fraudulentas de partidos en el poder.

Pero es curioso cómo hablan siempre nuestros medios de prensa de “la brecha digital”, del abismo que supuestamente se está abriendo entre los países y estratos sociales menos favorecidos en comparación con los más solventes en el acceso a las nuevas tecnologías. Según esta apocalíptica descripción, el mundo se está dividiendo en un pequeño grupo de personas con privilegios para obtener lo último y lo máximo de las comunicaciones actuales, con sus abundantes artilugios tecnológicos cada vez más sofisticados, por un lado, y, por el otro, en una enorme masa de pobres sin posibilidades para hacer uso de esas maravillas.

Y de ese modo vemos cómo, sin el menor escrúpulo, pueden hablar ahora de que “Cuba amplía el servicio público de acceso a Internet”, cuando de lo que se habla es de que se abre, con un mínimo arranque del servicio masivo, una enorme “brecha digital”. Ahora tendrán cierto acceso a la información los que puedan pagar los carísimos precios de conexión en todas sus variantes, pero la mayor parte de los cubanos, los más pobres, seguirán sin saber qué cosa es “eso de Internet”. Sobre todo —y esto es fundamental en el supremo cinismo al que nos referimos— casi toda la población afro-descendiente.

Los objetivos de este procedimiento son evidentes: aparte de maquillar su imagen pública internacional (¡Miren cómo estamos cambiando!), el gobierno embolsará nuevas y considerables cantidades de dinero que, por supuesto, tendrá su origen principal en los trabajadores cubanos del exilio, no en el fruto del trabajo de los cubanos del país (¡Si quieren información y comunicación páguenlas a precio de oro!). ¿Qué importa el costo social? ¿Acaso todo lo que se ha hecho no ha sido dando una y otra vuelta de tuerca al costo social?

La brecha digital será en definitiva un pálido reflejo de la brecha social que se abre cada vez más en el país porque, en definitiva, en cualquier ciudadela o solar habaneros podemos ver a muchas personas con un teléfono móvil todo el tiempo en la mano, pero sin recursos para reparar el techo que está a punto de caerles encima y deben vivir del cambalache y el mercado negro porque no tienen otra opción. Esos servicios novedosos no son, por el momento, sino otra droga más para entretener a la gente.

Sin embargo, habrá, como siempre ha habido, quienes se abrirán paso cada vez más en medio del marasmo y los obstáculos y buscarán información, y conocerán. Y serán cada vez más en número. A pesar de todo y no obstante el control descomunal de los gobernantes sobre los gobernados, la necesidad de mayor libertad, y la misma libertad, seguirán abriéndose camino, poco a poco, sin cesar, no porque esos gobernantes quieran ser más dadivosos con sus súbditos, sino porque no pueden hacer otra cosa para no perder el poder total: ceder un milímetro aquí y un milímetro allá, ganar tiempo: demorar el fin, en fin (valga la redundancia).

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