A cañonazo limpio contra… la naturaleza

El ejército cubano realiza a su antojo destructivas prácticas militares de tiro en sitios arqueológicos de la Isla

CAYO BURRO, Puerto Padre, Cuba,  junio, 173.203.82.38) – Un sitio arqueológico existente aquí está siendo destruido por el fuego de aviones cazas.

Hasta no hace mucho se publicaban en la prensa cubana titulares como este: “Critican al gobierno de Estados Unidos por el entrenamiento de su ejército en el territorio puertorriqueño de Vieques”.

Los activistas puertorriqueños pudieron lograr en 2003 que el ejército norteamericano abandonara la isla de Vieques, convertida ahora en una reserva ecológica. Sin embargo, Cayo Burro es ahora nuestro Vieques, sin que nadie hable al respecto.

“Allá al menos los puertorriqueños podían protestar, pero aquí ni la Academia de Ciencias ni nadie levanta una voz para detener el crimen que están cometiendo”, nos dijo un pescador que señalaba al viejo remolcador que colocaron frente al cayo para que sirva de blanco a los pilotos de los aviones cazas.

Situado justo a la entrada de la Bahía de Malagueta, en Cayo Burro debió existir una importante presencia aborigen a juzgar por los hallazgos arqueológicos existentes aquí.

A través de los años, el pescador Marcos Mola Cervantes ha encontrado y donado al museo municipal seis dagas, y hace apenas dos meses encontró y también donó un bastón ceremonial indígena.

También aquí se encontró un hacha rectangular que, de acuerdo con los expertos, constituye el hacha de piedra más antigua que se haya encontrado en las Antillas.

De los 13 sitios arqueológicos del municipio de Puerto Padre donde se ha detectado la presencia de grupos aborígenes recolectores-cazadores-pescadores, cuatro están en la actualidad expuestos al fuego de artillería de la aviación u otro tipo de prácticas militares.

Los sitios arqueológicos Punta de Piedra, Punta Negra y la Yuraguana, situados al norte de Cayo de Pájaro, Punta de Lisa y Cayo de Vaca, están justo frente al polígono de tiro del Ejército Oriental.

El ejercito no solo está destruyendo un patrimonio arqueológico de valor incalculable, sino también la flora y la fauna.

Cuando usted observa la Bahía de Malagueta, se percata de cuánta vida animal y vegetal está expuesta al fuego del entrenamiento militar.

Cayo de Pájaro o Punta de Lisa no son nombres situados al azar. En el primero se establecen colonias de las más variopintas especies de aves que usted pueda imaginar y en Punta de Lisa, con la suerte a su favor, los pescadores no demoran en repletar sus redes.

Entre los ríos Parada y Yarey, incluso un poco más al este, decenas de kilómetros cuadrados de bosques costeros y pre costeros están sometidos al fuego de los tanques y de la artillería.

Cuando las unidades se encuentran maniobrando -ya sean aéreas o terrestres- el ruido de las explosiones es ensordecedor y el ambiente enrarecido por la pólvora quemada puede percibirse desde muy lejos si se está a favor del viento.

“Allá va una vaca”,  solía decir un vecino ganadero cuando escuchaba un cañonazo que hacía estremecer la cristalería en su vitrina.

“¿Por qué cada vez que usted escucha un cañonazo dice que allá va una vaca?”,  preguntamos al vaquero.

“Hijo, una no, posiblemente cada uno de esos cañonazos cueste dos vacas”, contestó el viejo.

Lástima que en su discurso de la recién finalizada Cumbre de Rio +20, además de criticar los gastos militares ajenos, el general Raül Castro no se comprometiera a reducir los gastos de Cuba. Así, además de ahorrar dinero, estaríamos contribuyendo a proteger nuestro patrimonio arqueológico, valga decir, nuestra historia, y a atenuar los catastróficos cambios climáticos anunciados.

Lastima también que solo se hable y se legisle para desmantelar viviendas junto a las costas y nada se diga para prohibir continuar arrojando bombas sobre nuestros bosques y sobre nuestros mares.

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