¿Es corrupta la fuente de datos sobre corrupción en Cuba?

¿Es corrupta la fuente de datos sobre corrupción en Cuba?

O el pueblo cubano no sabe qué es corrupción, o Transparencia Internacional está siendo timada por el régimen

LA HABANA, Cuba, febrero, 173.203.82.38 -“Vete a la mierda”, así le gritó Eustaquia –una anciana de 82 años, residente en el barrio habanero del Cerro—a una inspectora del Instituto Nacional de la Vivienda, que la acusaba de residir ilegalmente en su casa. Eustaquia me aclaró que no es una persona mal hablada, pero se encolerizó porque sus documentos de propiedad están en regla, y de seguro la inspectora, quien le mostró un carné oficial y venía acompañada por un policía, quería extorsionarla.

Maritza, de 51 años, un ama de casa del Vedado, en el municipio Plaza, esperó 45 minutos en el antiguo Ten-Cent de la calle 23, para que la administradora rectificara en una báscula el peso de una compra. Cuenta que las pesas del mercado son digitales, pero las pantallas no pueden visualizarse desde el lado del cliente. Después de detectar la irregularidad -le habían robado una libra de queso-, la administradora ni siquiera le pidió disculpas. Simplemente fue a cuchichear con el empleado, regresó, le devolvió el importe del queso robado y mostró una sonrisa.

Diana, de 54 años, alega que un centro estatal donde se tramitan actas de inscripciones de nacimiento, certificados matrimoniales y otros documentos (ubicado en las calles Calzada y 8, en el Vedado), las gestiones se demoran hasta 3 meses, y lo peor es que a veces entregan los documentos con erratas. Recomienda sobornar a los empleados con 5 dólares como mínimo (30% del salario medio cubano), para que “los papeles estén en tiempo y forma”.

Alex, un joven estudiante del Instituto tecnológico Antonio Guiteras, en el propio Vedado, sobornó a un profesor para que le aprobara el examen de matemáticas a cambio de 10 dólares (60% del salario medio cubano).

Los corruptos están presentes en farmacias, ópticas, policlínicos, hospitales, escuelas, panaderías, agros mercados, ómnibus de transporte público, shoppings, bodegas, carnicerías… “En Cuba -argumenta Víctor, un ingeniero mecánico de 60 años- la corrupción es un agujero negro que absorbe a todas las instituciones estatales”.

Igualmente, se sabe de los escándalos de corrupción acontecidos en el Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba, el Ministerio de Informática y Comunicaciones, la corporación Etecsa y las firmas extranjeras acreditadas en La Habana -cuyos  protagonistas depositaron, según se afirma, millones de dólares en bancos canadienses y suizos, y no han sido juzgados hasta hoy.

Un famoso vídeo titulado “Metástasis”, que trata los pormenores de esa batahola corrupta, y cuya proyección pública fuera anunciada falsamente por el presidente Raúl Castro, continúa censurado. Hay rumores de que “la porquería salpicó p’arriba”, así que, según vox pópuli, la cúpula gobernante está ganando tiempo para que la gente olvide el asunto.

Paradójicamente, y contradiciendo lo expuesto, la isla caribeña ha mejorado su posición en el Índice de Percepción de la corrupción, en  2012, en un lista emitida por la organización Transparencia Internacional, donde Cuba remontó este año ocho escaños, mejorando su posición, del puesto 61 al 69, y de los 3,7 a los 4,2 puntos entre 175 países evaluados.

En dicha relación, los lugares más próximos al cero son ocupados por países extremadamente corruptos, donde Corea del Norte, Afganistán y Somalia son los campeones. También en el cuadro americano “Cuba tiene un buen record”, ocupa el lugar 12, mientras la vecina  República Bolivariana de Venezuela se alza como el país más corrupto del área.

Sin embargo, el barómetro en las calles habaneras dice otra cosa. La mayoría de los ciudadanos admite que el pasado año 2012 estuvieron involucrados en algún acto de soborno a funcionarios estatales, o fueron víctimas de estafadores oficialistas. Juan Ávila, un jubilado de 72 años, sentencia que “En Cuba, hasta el aire que se respira es corrupto”.

Pero la referida organización, presidida por la señora Huguette Labelle, aduce que, de acuerdo con las estadísticas y colaboraciones de instituciones muy respetables, “Cuba no es un caso tan preocupante”. Así que una de dos: o los cubanos no sabemos qué es corrupción, o Transparencia Internacional está siendo timada descaradamente.

Acerca del Autor

Pablo Pascual Méndez Piña

Pablo Pascual Méndez Piña

Pablo Pascual Méndez Piña. La Habana, 14 de mayo de 1956. En el año 1976 se graduó de técnico medio en sistemas eléctricos industriales. Comenzó a trabajar en el Ministerio de Minería, y matriculó en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría donde estudió un año. Fue llamado a filas para cumplir con el Servicio Militar General, transferido de inmediato al Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, donde trabajó como electricista. En 2005 comenzó a escribir y participó en un concurso de las bibliotecas independientes, donde obtuvo una mención.

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