“Usted nos propuso que fuéramos primeros en asestar el golpe nuclear”

“Usted nos propuso que fuéramos primeros en asestar el golpe nuclear”

“Querido compañero Fidel Castro, considero esta proposición suya como incorrecta”

LAS TUNAS, Cuba.-  “Usted nos propuso que fuéramos primeros en asestar el golpe nuclear contra el territorio del enemigo. Usted, desde luego, comprende a qué llevaría esto. Esto no sería un simple golpe, sino que el inicio de la guerra mundial termonuclear.

“Querido compañero Fidel Castro, considero esta proposición suya como incorrecta, aunque comprendo su motivo.

“Hemos vivido el momento más serio, en que pudo desencadenarse la guerra termonuclear mundial. Evidentemente, en tal caso los EE.UU. sufrirían enormes pérdidas, pero la Unión Soviética y todo el campo socialista también sufrirían mucho.

“En lo que se refiere a Cuba, al pueblo cubano, es difícil incluso decir en general con qué eso podría terminarse para él. En primer término en el fuego de la guerra se quemaría Cuba. No hay ninguna duda de que el pueblo cubano lucharía valientemente, pero que perecería heroicamente de eso tampoco hay duda”, dijo Nikita Jruschov a Fidel Castro en un cable fechado el 27 de octubre de 1962.

A propósito de esa “guerra termonuclear mundial”, a punto de desatarse a sólo 90 millas de suelo estadounidense, el Archivo de Seguridad Nacional (NSA) de la Universidad George Washington, recién acaba de publicar los planes elaborados por las fuerzas armadas de Estados Unidos para ocupar Cuba y establecer un gobierno provisional a las órdenes de un “gobernador militar”, en lo que se llamó la Crisis de los Misiles.

“La resistencia a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos será eliminada por la fuerza, y los responsables de quebrantamientos graves serán tratados con severidad”, decía la Proclama No. 1 del gobernador militar, publicada por el NSA.

Cabe preguntarse: ¿Qué acontecimientos geopolíticos ocurrieron en Cuba entre enero de 1959, cuando triunfó la llamada Revolución, y octubre de 1962, cuando a resultas del armamento nuclear soviético instalado en Cuba, Cuba pudo ser ocupada y los cubanos tratados como cautivos en un campo de concentración?

En fecha tan temprana como febrero de 1959, con fachada de periodista acreditado como corresponsal de la agencia TASS, llegó a La Habana el agente de la inteligencia soviética Alexander Alexeev, coronel del KGB y futuro embajador de la Unión Soviética en Cuba.

A través del comandante Camilo Cienfuegos, en octubre de 1959 Alexeev pidió encontrarse con Fidel Castro, entrevista efectuada pocos días después, y según los que conocieron de ella, “tuvo más de sondeo que de interés periodístico.”

Poco después, mediado 1960, Jruschov mandó por otro agente del KGB que andando el tiempo llegaría a teniente general, NicolaiLeonov, amigo de Raúl Castro desde 1953.

La misión encomendada por Jruschov a Leonov era simple: secretamente, incluso sin conocimiento de la embajada soviética en Praga, donde se encontraba Raúl Castro, debía contactarlo y trasmitirle verbalmente una invitación para visitar Moscú.

Con la aprobación de Fidel Castro, el 17 de julio de 1960 llegaba a Moscú su hermano Raúl, ministro de las fuerzas armadas, al frente de una delegación recibida por mariscales y generales adjuntos al Kremlin.

El 4 de agosto y el 30 de septiembre de 1961, la Unión Soviética y Cuba firmaron dos convenios por los que se comprometían a la cooperación mutua. Por el primer contrato multimillonario, firmado en La Habana, el gobierno soviético entregaba al cubano armamento por valor de 48 500 000 (dólares estadounidenses). El segundo pacto, firmado en Moscú, ascendía a la cifra de 149 550 00.

Ese capital destinó armas de infantería, artillería, tanques, transportes, aviones caza, bombarderos, helicópteros, equipos de comunicación y radiolocalización, lanchas torpederas, buques caza submarinos, municiones, piezas de repuesto y entrenadores para ese profuso arsenal. Las fuerzas armadas cubanas crecieron de 49 mil efectivos en 1960 a  138 mil alistados en diciembre de 1961.

Cuba, con unos seis millones de habitantes y las fuerzas armadas mejor equipadas de Latinoamérica en ese momento, ¿por qué instaló armamento nuclear ruso, si su doctrina militar, plagiada a Von Clausewitz, reformulada por los castristas como “guerra de todo el pueblo”, estaba basada en el odio y la enemistad al sistema sociopolítico estadounidense y no en casus foederis (entrar en guerra al lado de un Estado aliado)?

Por la presencia de oficiales del KGB, en el caso del coronel Alexander Alexeev de forma encubierta en Cuba desde el año 1959, luego consejero de la embajada de la URSS en La Habana hasta mayo de 1962 y poco después promovido a embajador, con esa jerarquía llegó a La Habana el 11 de agosto del propio año, trayendo consigo los documentos oficiales de “cooperación militar” Cuba-URSS, es posible colegir que la idea Jruschov de transformar a Cuba en una base militar soviética, data desde el triunfo de la revolución en 1959 y no de abril de 1962, cuando estando en Crimea y en alusión a los cohetes estadounidenses en Turquía dijo: “(…) podemos crear a los norteamericanos una situación parecida cerca de la frontera de Estados Unidos si ubicamos cohetes en Cuba.”

Más que disuadir una invasión estadounidense a Cuba, tempranamente Jruschov planeó según expertos, “una correlación geoestratégica URSS-EE.UU., tarea que primero requirió una labor de inteligencia sobre Fidel Castro.

Allanado ese camino, enviar a Cuba la Agrupación de Tropas Soviéticas (ATS), fuerza expedicionaria enmascarada en 85 buques mercantes, integrada por 51 mil soldados, aviadores y marineros, cuyo grupo de dirección operativa lo integraron 12 generales y un contraalmirante, consumaba la idea.

Cuando estalló la crisis, ya estaban en Cuba, dislocados en las seis provincias en que se dividía el país, acantonados en campamentos protegidos con alambradas de púas, custodiados por soldados soviéticos, donde no tenían acceso los militares cubanos, cerca de 42 mil efectivos a las órdenes del general de ejército Issa Pliev, quien sólo estaba subordinado a Moscú.

Evidentemente, tales decisiones estaban en manos de Jruschov y no de Fidel Castro. Tan así es, que sólo en manos del general Pliev y luego de su “buen discernimiento”, estaba la facultad de emplear el regimiento de armas nucleares tácticas, dotado con todas sus ojivas nucleares, que junto con las baterías de cohetes tierra-aire, protegían las armas nucleares estratégicas.

Uno de estos cohetes, al mando del mayor Iván Minovich Guerchenov, emplazado en La Anita, Banes, actual provincia Holguín, derribó el avión U-2 pilotado por el mayor Rudolph Anderson, el 27 de octubre, momento de mayor tensión de la crisis, distendida al día siguiente, cuando sin consultar a Fidel Castro, Jruschov propuso al presidente Kennedy retirar el armamento nuclear soviético emplazado en Cuba, a cambio de Estados Unidos retirar sus cohetes Júpiter de Turquía.

Tan en secreto fue el establecimiento y permanencia de la base militar soviética en Cuba, y tan ignorado el mando militar cubano, que a la retirada de sus tropas, el general Pliev y su Estado Mayor llevó con ellos a Moscú no sólo su documentación, sino también todos los documentos militares que incumbían a la parte cubana, por lo que cabe una última pregunta, cuya respuesta dejamos al lector:

¿Cómo Fidel Castro, si no había conseguido mantener en Cuba los documentos secretos de su ejército, en alianza con una potencia extranjera, pretendía ejercer cinco exigencias sobre la administración Kennedy, entre ellas, la retirada de la Base Naval de Guantánamo y el cese del embargo económico…?

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